Las
negociaciones en el congreso de EEUU, sobre el incremento del techo de la
deuda, no es precisamente una noticia nueva y ha sido una puja repetida año a
año, que ha terminado con que se accedan a las sucesivas solicitudes elevadas
por los gobiernos de EEUU.
Ahora bien. La situación
actual se presenta en un escenario visiblemente cambiante, debido a la guerra
en Europa y la intensificación de la conflictividad en las relaciones de
occidente con China.
Para nadie es un
secreto que la hegemonía estadounidense, la primacía del dólar, y la
inexistencia de una potencia económica alterna a occidente, que con su moneda
relativizara el poder del billete verde, facilitaba, y de que manera, el pago y
negociación de la deuda a los Estados Unidos.
Era cuestión de acelerar
la impresión de billetes y de teclear nuevos ceros a las transacciones de pagos
realizadas entre sistemas de cómputo. Bueno, mantener y tener victorias en guerras
coloniales como disuasor a otras potencias a su emergencia, toda vez, que, a través
de ello, mejorar la tasa de ganancia en los negocios de empresas de Wall
Street. Tampoco puede olvidarse, en este mismo sentido, la adopción sin mucha
resistencia del modelo neoliberal, la zanahoria para las regiones que no oponían
resistencia al avance del capitalismo occidental.
En este sentido,
lo que si resulta nuevo, es que los titulares de prensa hablen y de manera
reiterada, de una “cesación” de pagos por parte de EEUU, y últimamente Yellen,
la secretaria del tesoro de EEUU, esgrima que habrá que decidir a quien se
paga.
¿Qué es lo que
pretende EEUU, con todo ello?
EEUU, enfrenta
el dilema de mantener abierto el grifo de la impresión de dinero, con ello, una
inflación sostenida en el tiempo, o reducir el ritmo de la emisión de divisas,
como una fórmula para precisamente evitar mantener altas las tasas de interés,
o incluso reanudar el incremento de la misma, algo que, como se sabe, ya está
impactando de manera determinante la economía estadounidense y su sector bancario
y financiero. Pensar en Silicom Valley Bank, First Republic, la situación del
mercado de valores de Nueva York…
Nadie sabe a
ciencia cierta, cuál sería el efecto en la economía mundial de darse una cesación
de pagos de EEUU. Algunos analistas sugieren caídas de empleo hasta reducciones
importantes en el crecimiento económico a escala global, en función del tiempo
que dure la cesación de pagos. Y solo llegan hasta allí, si se trata de considerar
este escenario.
Un hipotético
desajuste económico planteado de esta forma, bien puede buscar mantener en
línea a los aliados occidentales, con eso del fantasma de lo que puede
sobrevenir. Incluso, un mensaje, a quienes ostentan el ascenso como potencias
globales. Aunque no hay que olvidar, que en el siglo 20, EEUU ha atravesado por
dos cesaciones de pagos. La primera en medio de la crisis bursátil de 1929 y la segunda, en 1971, cuando el presidente Nixon, finaliza la convertibilidad
oro/dólar, al presentarse solicitudes de cambio por parte de algunos países europeos.
No es comparable
Así es, tanto en
1929 como en 1971, la monetarización del dólar en el mundo apenas iniciaba sus
primeros pasos, si se le compara con la situación actual, luego de una
continuada flexibilización cuantitativa, un fenómeno que tomó aceleración como consecuencia
de la crisis inmobiliaria y financiera del año 2007. Igualmente, en tales momentos
de cesación, no existía un país y una moneda, emergente, que presentara una
alternativa económica a la crisis del dólar y de los EEUU, en términos
capitalistas.


