La información soporte de la Inteligencia
Artificial es capturada desde que una persona obtiene un smartphone, o
cualquier equipo del paraguas que define la domótica. Es decir, equipos
asistidos desde la internet.
Elementos costosos, para las personas, pero
instrumentos esenciales para la producción de información digital de forma
ilimitada y persona a persona, base de la colonización el siglo XXI. Se puede
afirmar, que las aplicaciones, han evaporado las fronteras clásicas del antaño
consumo o, de otra forma, la realización de transacciones comerciales, que solo
se realizaban face to face, o en el mejor de los casos, por medio de un teléfono,
lo que obligaba a visitar tiendas, desplazarse ciertas distancias, palpar y
reconocer los productos. Sin embargo, la
contrapartida es conceder a los propietarios de las redes y servicios
digitales, acumular información con la que perfilan hasta el menor movimiento
de cada persona. Les gusta mejor hablar de consumidor.
Lo de “movimiento”, se refiere a las rutinas y
periodicidad de compras, situación económica y laboral, afectiva, familiar, médica…visión
política y un largo etc. Activos digitales que se conciben tanto para reforzar
o modificar, por su puesto. Y algo en que se prevé un importante trabajo si
se piensa en la IA, claro está.
De la captura de información también se deriva,
por ejemplo, si consideramos las aplicaciones de servicios de transporte, que
en EEUU o China, conocen al detalle lo que sucede en cada esquina de una ciudad
o lugar en el mundo donde operan. Si hay embotellamientos, si hay presencia
policial, si hay disturbios, trabajos en la vía, si se ha presentado un hurto.
La cartografía de cada zona actualizada tantas veces, como usuarios de las
plataformas. Y se resalta, que sobre
todos estos elementos tienen más información foráneos, en el otro extremo del mundo,
que las propias autoridades locales sobre los temas respectivos.
Las tecnologías de la información y la
comunicación, en particular las plataformas de servicios, representan una
escala importante en el avance de la flexibilización laboral en el mundo,
aparte que no pagan impuestos o están excluidas de regulaciones de carácter nacional,
al margen de EEUU o China. No hay pago de seguridad
social o pensiones, por ejemplo. Y lo argumentan presentando a quienes hacen la
mensajería de sus servicios, como “trabajadores propios” o, en un eufemismo
más, “autónomos”.
Ahora bien, si el neoliberalismo
desindustrializó y precarizó el trabajo, lo que tienen tambaleando los sistemas
sociales en el mundo, la IA, promete llevar esto mismo a una nueva escala.
Para establecer el impacto de lo que
sobreviene, hay que tener en cuenta que hoy el PIB de los países no industrializados
está predominantemente concentrado en el sector servicios. Es decir, la compra mediante
una plataforma digital o se presta un servicio que está reflejado en una
actividad digital. Pensar en que, en medio de la pandemia, las ciudades
quedaron con calles vacías, y en todo lo que derivó el trabajo desde un
procesador
Y este es el punto.
Este sector, puede ser sustituido por la
actividad de la IA.
La pregunta que se sugiere, es, ante semejante
revolución en el mundo del trabajo, como se sustentarán económicamente los
estados de la periferia, y como evitar que de golpe desaparezcan los ya renqueantes
sistemas de seguridad social.
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