Las guerras,
cada una en su época, tienen sus propias características y ciclos de
tiempo, conforme se consolida un sistema mundo, se instalan y deconstruyen
mitos y política.
El relámpago y
destrucción que produce la bomba atómica, en medio de la bipolaridad, hizo
pensar que considerar escenarios de guerra diferentes a una destrucción mutua
era baladí, dándose por sentado que la racionalidad humana dirigida por las
superpotencias haría primar la abstinencia del uso del arma nuclear.
Era un mito
La tensión en
torno a Ucrania, que desde entonces tiene en riesgo al planeta, respecto del
uso de la bomba nuclear, evidencia una nueva realidad en la que se conciben
escenarios posibles de una guerra atómica generalizada. De hecho, poco se habla
del temor a la misma, mientras el mundo se desliza en el túnel del escalamiento
militar.
Estados Unidos
descuenta que Rusia pueda dar el primer paso, previendo un desgaste en medio de
la guerra, que desplome internamente a Moscú. Mientras Rusia y China, esperan
que la guerra comercial, financiera y la que se libra contra dólar, no
precipite algo similar, del lado estadounidense.
Ahora bien, más o
menos visiblemente, la guía que pretendía extender la hegemonía estadounidense
con la integración, ya no solo productiva sino financiera, con la fusión de las
bolsas de Shangai y Nueva York, que daba lugar a la virtual Chimérica, en poco tiempo ha quedado en el
papel mientras se impone el reshoring, o el pretendido, aunque complejo modelo
de emergencia, que aplica occidente para estimular la salida de empresas
matrices de Beijing. En el caso financiero, las empresas chinas, que
paulatinamente llegan a la supremacía de sus equivalentes en producción y tecnológicas
occidentales, se mueven, entre la mixtura de mantener un pie en occidente,
mientras consolidan su proyección global, y aquellas que concentran de manera
definitiva su actividad financiera, propiamente en Shangai.
En medio está
una ley del capitalismo, que dice que quien produce más eficientemente, lo que
involucra la tecnología, emerge políticamente, lo que pone en crisis las
hegemonías, un cisma que ha derivado, como norma, en una guerra de resistencia por
parte de las potencias en declive, y que se aferran al poder universal, de su
propio tiempo.
En todo esto,
resulta sugerente la reunión del G7 que se realiza, hoy mismo, en Hiroshima,
ciudad atacada por una bomba atómica por parte del EEUU, precisamente quien
preside esta organización. Mojón que se presentó como respuesta al avance
militar que la URRS lograba sobre Alemania al final de la segunda guerra,
tratando de evitar que ello mismo, a la postre, sucediera con la propia Japón.


