Mientras
EEUU destaca por el estrechamiento de relaciones con Taiwán, jugando la carta
de la secesión del territorio insular con China, la guerra en Ucrania, o, en el caso de Latinoamérica,
intimidando al presidente Lula, luego de conocerse la voluntad de este, de
comerciar con China, en monedas locales, con el “envío” de Bolsonaro de vuelta
a Brasilia, China avanza en una agenda propiamente económica, apoyando la
postulación de Dilma Rousseff como presidenta del banco de los BRICS, consolidando
la posición del país carioca como pivote de la ruta de seda en el propio patio
trasero de EEUU.
Se ha perdido interés de viajes a Washington
Esta
semana inicia la visita del presidente Lula a Beijing, y se presenta luego que diversos representantes de la Unión Europea así lo hicieran, hace apenas
pocos días.
Mientras
por un lado los europeos mantienen congelado un acuerdo de inversiones con China
y restringen el ingreso de empresas tecnológicas del gigante asiático a países
del viejo continente, entre otros, una medida auspiciada por Washington, las
relaciones comerciales y financieras entre Brasil
y China, adquieren un nuevo nivel.
De
hecho, Lula visitará una de las empresas internacionales insignes del Imperio
del Centro, que como se sabe, lleva años siendo asediada internacionalmente por
EEUU, Huawei, que, entre otros, tiene amplios desarrollos en la tecnología del
5G, en lo que la Unión Americana ha quedado rezagada, que representa la
revolución tecnológica del presente y que promete transformar la internet, como
hasta ahora se conoce.
El
escenario internacional se precipita en sutiles modificaciones, aceleradas en
el último año, debido, también, a la cascada de medidas aplicadas a Rusia como a la propia China, impuestas por Wall Street.
La
ruta de la geopolítica en torno a Oriente navega, desplegando velas en torno a
los países que, si bien, condenan la intervención de Rusia en Ucrania, así sea
que exista el móvil político de la expansión de la Otan en torno a Moscú, una
medida, que más recientemente se asimila a la dispuesta, en torno a China, mantienen
una postura que se inclina a una salida negociada del conflicto, lo que tendría
implicaciones sobre, en general, comportamientos hegemonistas, precisamente en
crisis, dispuestos por Washington.
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