La estrategia de fortalecer la posición de Taiwán en el mundo, por parte de EEUU, recibe un revés en su patio trasero.
Estados Unidos, aperturó el
reconocimiento internacional de China cuando fenómenos como la disminución de
la tasa de ganancias sobrevino para la producción realizada en la Unión
Americana, lo que obligó a Wall Street a optar por la deslocalización
industrial con destino al gigante asiático.
Aunque es un fenómeno visto
tempranamente en la década de los ochentas del siglo XX, tomó celeridad en
presente siglo, un aire fresco para el capitalismo estadounidense y, una oportunidad
que ha sabido materializar China, que planificó un proceso industrial y tecnológico
sin precedentes al margen de la expectativa estadounidense, que pretendió
reservar eslabones estratégicos en investigación, desarrollo y patentes, para
evitarlo.
En todo esto, vale resaltar, que
el desprendimiento industrial de EEUU, determinó que su centralidad económica se
redirigiera, casi exclusivamente, a gestionar el mercado
financiero internacional, soportado en la excepcionalidad de tener como reserva
y emisión, la moneda de curso global.
Pero esto es lo que ha cambiado recientemente, precisamente con
el despunte económico y político chino, que coloca contra las cuerdas la hegemonía
de Washington, donde la carta de Taiwán adquiere de nuevo protagonismo como pieza
de cambio o chantaje a los chinos, al tomar estos su propia ruta de desacople de la
economía y política, estadounidense.
La pasada semana, Honduras degrada el reconocimiento de
Taiwan, como estado representativo de incluso, la China Continental, y lo
traslada al gobierno de Beijing.
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