Tras la
independencia, en particular durante 1829, la Gran Colombia presidida por Simón
Bolívar estuvo sujeta a la presión por la secesión por parte de élites terratenientes que
encabezó Páez en Venezuela, Juan José Flores en Ecuador y el mismo Santander en
Colombia, lo que se dio en llamar choque entre centralismo y federalismo, y en el contexto donde según cables de cónsules estadounidenses,
Washington observaba en la Gran Colombia un competidor geopolítico en el
Continente debido a la extensión, localización estratégica excepcional del país
andino, pero con debilidad en la palanca demográfica y donde ya para entonces
debido a la migración europea a Estados Unidos, este era cerca de cuatro veces la población
del país andino.
En extensión, la Gran Colombia era más grande que cualquier reino europeo al margen del imperio ruso o de otra forma, Europa Occidental.
La secesión de la Gran Colombia estuvo soportada en la realidad de que Estados Unidos llevaba a cabo una relación comercial directamente con las provincias del país andino “saltándose” la autoridad del gobierno central de Bogotá y lo que terminó por sustentar la balcanización del territorio, aunque la amalgama del proceso secesionista en cabeza de élites terratenientes conservadoras era precisamente el levantamiento de la esclavitud y la democratización que impulsaba el gobierno central que erosionaba el sistema de castas colonial.
La inmensa extensión geográfica también jugó su papel, debido a que el gobierno de Bogotá estaba distante a semanas de viaje a caballo a los puertos costeros y que competían con rutas marítimas a vapor desde centro comerciales de Estados Unidos con La Guaira y Maracaibo en Venezuela o Guayaquil en Ecuador.
La disputa geopolítica por entonces se centraba en la puja que hacía Estados Unidos, como se ha mencionado, y Gran Bretaña. De hecho, en 1929, el Libertador acuñó aquella celebre frase de que “Los Estados Uunidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad” en una misiva de respuesta al encargado de negocios de Londres en la Gran Colombia, Patricio Campbell y quien ante las presiones secesionistas proponía a Bolívar crear una monarquía constitucional y declararse presidente de la misma, lo que se presenta en libros de historia como el hálito dictatorial de Bolívar.
La corona de espinas al Libertador sobrevino con la Conspiración Septembrina, el atentado contra su vida en 1928 que lo llevó a la adopción de una fuerte represión y juicios sumarios y donde 14 personas fueron ejecutadas señaladas de participar en el complot, entre ellos la del almirante José Prudencio Padilla, lo que popularizado en la narrativa de los secesionistas como la tiranía a la que había llegado Bolívar, la crisis, el caos institucional e incapacidad del gobierno central, estimulando la fractura de las fuerzas militares libertadoras y lo que terminó por dar justificación publica en la factura de “la independencia” de Venezuela y de Ecuador(lo que apenas fue el inicio).
A todo esto, hay que reconocer que Estados Unidos representa una extensión de la perspectiva colonial europea debido a que, contrario al proceso de mestizaje que caracterizó la Gran Colombia, lo que definía un ciclo histórico relacionado con la independencia, ello contrasta con la realidad de que fueron directamente migrantes europeos quienes crearon la nación estadounidense eliminando físicamente las nacionalidades indígenas norteamericanas, fenómeno que explica porque muy temprano Estados Unidos tenía proyección comercial al mundo, con Asia(Columbia Británica y Oregón con Cantón, China), la presencia en el Sur del Continente Americano a través de barcos balleneros que surcaban el Cabo de Hornos y una ruta que tenía pivotes con los puertos del Callao en Perú y Guayaquil, por entonces parte de la Gran Colombia; Rio de Janeiro, Valparaíso y Coquimbo en Chile, mientras en el espejo estaba en el primer estudio sobre la viabilidad de un canal de Panamá realizado en 1534 por orden del rey Carlos I de España y que oficiaba a su vez como Carlos V en el Sacro Imperio Romano Germánico. Entre otros, los vapores estadounidenses ya surcaban en 1820 el río Magdalena y para1850, el rio Amazonas.
Ahora bien, la situación de Estados Unidos en la actualidad, es decir, en este entrado siglo XXI, es bien diferente.
Estados Unidos asimiló de manera fluida por el carácter de su población y la articulación cultural directa con Europa, de hecho, su propio idioma inglés, los desarrollos tecnológicos de las metrópolis europeas y por supuesto, su perspectiva colonial, como se ha mencionado. Su ascenso tomó aún más cuerpo cuando las guerras coloniales europeas en ultramar, terminaron por resolverse en el propio suelo del Viejo Continente y lo que terminó por destruir su aparato productivo durante la primera y segunda guerra, y lo que concedió a EEUU la proyección de su supremacía industrial sobre el mundo pero lo que tiene su propia inflexión con la deslocalización industrial a China ya entrado el ultimo cuarto de siglo XX, por ser más rentable producir en Asia que en el mismo EEUU y lo que ha convertido en un tigre de papel a la Unión Americana, dependiendo ahora de manera considerable de emisión de moneda sin respaldo productivo y que es lo que explica el ascenso de la multipolaridad y su guerra a muerte con China, Rusia e Irán y que son pivotes con los BRICS, donde, a más, se concentra la mayor población del mundo.
Estados Unidos ahora se encuentra atragantado con la toma de control de Venezuela después del secuestro de su presidente, con lo que acaba de suceder en Perú con Keiko Fujimori y en Colombia con ADLE, un puzzle que se venía conformando con la Argentina de Milei, Ecuador de Novoa, Bolivia de Rodrigo Paz y el Chile de Kast.
¿Pero que tiene para ofrecer Estados Unidos a estos países? Solo hay que ver lo que sucede con Europa Occidental. Es decir, su declive económico y el compromiso de su cruzada contra China, Rusia Irán, en general los BRICS.
No es pues, presentar desarrollos tecnológicos o una billetera infinita con la que se aceitaron por décadas elites regionales, el denominado bipartidismo o la democracia liberal desde hace 4 generaciones, de otra forma, desde finalizada la segunda guerra mundial.
Nada de eso. Es tomar riquezas y gentes para acumular en su cruzada, como se ha reiterado, tal como lo hizo por ejemplo Napoleón en su guerra contra Rusia en 1812, donde sumó las riquezas y ejércitos de Alemania, Polonia, Bélgica, Suiza, España, Portugal, Croacia o Eslovenia, la conocida Alianza de las12 lenguas.
Hoy conocemos el resultado de ello y como el poder euroasiático redefinió la política europea con el Congreso de Viena en 1814 y lo que se repitió con la rendición del Tercer Reich en 1945.
Lo que sucede en Colombia hay pues que entenderlo en el contexto de un EEUU que pretende volver a realizar un nuevo intento de doblegar el poder en auge comercial y político de Eurasia.
