Las principales capitales de la Unión Soviética,
Moscú, Leningrado (San Petersburgo), Stalingrado (Volgogrado), las dos
primeras, las ciudades más grandes en población que cualquier otra capital de
la Europa continental, incluyendo Berlín, intentaron ser sometidas por el Tercer Reich alemán
mediante la Operación Barbarroja, un grupo de ejércitos de 3,5 millones de
integrantes, una coalición militar internacional donde se hablaban 12 lenguas de
nacionalidades de la Europa conquistada por los Unos desde lanzada su campaña iniciada
en septiembre de 1939.
Fueron sitiadas por meses para ahogarlas en el hambre y la sed evitando el ingreso de abastecimiento y mediante bombardeos inclementes a instalaciones civiles relacionadas con el acopio de alimentos y agua por parte de la aviación alemana, la quema de viviendas mediante el lanzamiento de municiones de fosforo blanco, sobre viviendas cuya característica era el uso de madera en su construcción, lo que desató verdaderas tormentas de fuego sobre las ciudades que se veían a kilómetros de distancia. Por entonces, la Luftwaffe, era la más grande e importante fuerza aérea del mundo, formada en los mayores estándares de pilotaje de aeronaves, pagados por los ciudadanos del Tercer Reich, pero adoctrinados políticamente por el gobierno alemán gestionado a su vez por la oligarquía teutona, en eso de que los comunistas eran una plaga que debía exterminarse de la faz de la tierra.
Por su puesto, lo de la ideología que masticaban los ciudadanos alemanes era algo proverbial y que se gestionaba desde el manejo de los medios de comunicación predominantes para la época, la prensa y la radio, y algo en los primeros pinitos de la televisión en blanco y negro que se proyectaba en teatros puesto que no existía aún el Smart tv como aparato portátil para el hogar, las habitaciones residenciales o los centros de comercio como restaurantes como sucede en la actualidad.
La generación de hombres adultos de la Unión Soviética, un 66 porciento de la misma, murió en medio de la guerra y en la defensa de su país, ya para entonces el mayor del mundo como sigue sucediendo con la Rusia de estos momentos. Las principales capitales de la URSS vieron perder entre un 50 y 100 por ciento de sus habitantes en medio de la guerra, debido al desplazamiento de sus gentes a zonas rurales, o debido a las muertes en combate o debido a los intensos bombardeos.
La Otan occidental de la época, la coalición de las 12 lenguas, enfrentó pues un ejército en número apenas semejante (aunque en la URSS dispersos en un territorio 35 veces más grande que el alemán) mientras la clave en la que se Berlín colocaba la carne en el asador era la guerra relámpago, en alemán, BlitzKrieg, es decir, tomar por sorpresa la contraparte y evitar que tanto ejército como poblaciones tuvieran la oportunidad de organizarse para enfrentar el ataque.
Como suele suceder, la acción imperial alemana y occidental estuvo situada en mostrar la cultura y el desarrollo económico germano, con su Hollywood(Estudios Babelsgerg) de la época y la matriz de consumo como una proyección civilizatoria en una URSS que por su extensión se caracterizaba por una amplia extensión de zonas rurales aisladas unas de otras, y que se gestionaban precisamente desde las principales ciudades donde se concentró el ataque, estas sí que no tenían nada que envidiar en desarrollo arquitectónico y científico a las ciudades occidentales.
Así como el desafío militar que propone Estados Unidos a China, Rusia, Irán(la Esparta del Asia Occidental), los BRICS, ya entrado este segundo cuarto del siglo XXI, debido al auge económico Euroasiático, el Tercer Reich alemán hizo lo propio con la URSS, quien contrario a lo que se cree poseía una fuerza aérea y de tierra equivalente no solo en número si no en desarrollo tecnológico al alemán, eso sí muy dispersa, como se ha mencionado, debido a la extensión de su territorio(35 veces más grande que Alemania) y lo que aspiraba a capitalizar Berlín con su BlitzKrieg.
Ahora, la URSS destruida por la segunda guerra se encerró en su reconstrucción mientras Estados Unidos impuso en Bretton Woods el uso del dólar como respaldo del resto de economías del mundo, era un sistema dual Rublo/dólar, que caída la URSS en 1991, terminó por absorber incluso el referente ruso (un respaldo financiero con lo que Estados Unidos financió todo tipo de intervenciones militares y golpes blandos desde 1945, ni que decir, desde 1991), pero un proceso que actualmente esta en destorcida, debido a que las montañas de dólares impresos, son ahora usados por Eurasia para con una política soberana destinarlo como ariete contra el mismo poder de emisiones de Estados Unidos, estimulando acuerdos bilaterales y de inversiones en los BRICs al margen de la Reserva Federal, reposicionando monedas nacionales y la industrialización doméstica, lo que deja en los huesos a Washington como simple emisor de divisas y sin respaldo productivo.
Wall Street toma bocanadas de aire en su reto militar a los BRICS en Asia Occidental y Ucrania con las conquistas a fuerza, por lo pronto, de la argucia política en América Latina en un fenómeno que recuerda las Anexiones del Tercer Reich alemán en Europa Oriental antes de enfrentar desafíos políticos que terminaron por involucrar la escalera de la violencia.
Como en Irán o Rusia, en América Latina es la hora de los pueblos(en la calle y auto organizados) reeditando la historia de la Revolución Hispanoamericana, ante una sobre extendida fuerza militar estadounidense en el mundo pero que ha creado nuevas zonas de tensión en su propio continente mientras el centro de gravedad de la economía mundial situado en el Heartland Euroasiático, mantiene su curso debido a que el poder real estadounidense, el del bloqueo económico y financiero ha dejado de existir y discurre como el agua que intenta contenerse en las manos.
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