2026/01/24

Es común observar como la literatura universal recuerda frases originarias del latín y en particular aquellas que coronaron discursos de emperadores o senadores de la roma imperial. Y no es extraño, porque Roma fue un imperio que se impuso a las diversas nacionalidades y gobiernos en la Europa desde el siglo III antes de cristo y que solo retomaron su independencia en el siglo V de nuestra era(mal contados 7 siglos) con la caída del imperio romano tras el agotamiento consecuencia de los altos gastos de guerra con lo  que contenían los “pueblos bárbaros” en sus fronteras pero que por siglos fueron expulsados de sus territorios y ante la emergencia de potencias económicas y políticas en Mesopotamia, ligadas entre otros al comercio con el lejano Oriente mediante la Ruta de la Seda.

De entenderse que en Latinoamérica se hable el idioma español, una lengua latina ascendente del latín imperial romano, se traigan las altisonantes frases de los emperadores y generales de la antaño bota itálica, y que fuera impuesto a los pueblos amerindios luego del sometimiento de América por la metrópoli de la Península Ibérica.

Entre otros, a la postre las monarquías europeas constantemente querían parecerse incluso en su halito imperial a la roma imperial, lo que va de los reyes católicos a Napoleón, el imperio romano germánico (siglo X al XVII), lo que se extiende en otros momentos de la historia al Tercer Reich alemán o el propio Estados Unidos.

Ahora bien, se referencia la historia de la roma imperial, como referente político y cultural, sin embargo, se olvida que Roma rompió una edad Mediterránea caracterizada por el auge comercial cartaginés donde era la producción económica y los intercambios de productos sobre lo que descansaban las relaciones regionales entre las nacionalidades y pueblos europeos y Cartago como centro económico, por su puesto, de la misma capital fenicia(desde el siglo VII antes de cristo, localizada en la actual Túnez, con una migración que sobrevenía de los territorios de Palestina, Siria y la región del levante, de donde bebió la propia Grecia antigua)  con la roma republicana.

De hecho, las tres Guerras Púnicas, como decir, las Guerras Mundiales vinculadas al Mediterráneo antiguo entre Cartago y Roma, donde la metrópoli itálica simplemente decide ante su incapacidad de desarrollo productivo y comercial, imponerse militarmente a Cartago quien si bien tenía un ejército, como se ha mencionado, se proyectaba esencialmente mediante la producción y el comercio.  

En la primera guerra púnica (23 años), Roma se impuso a los aliados comerciales y vecinos en el Mediterráneo Occidental, a la Magna Grecia y Sicilia. En la segunda guerra púnica (20 años), los siguientes aliados comerciales de Cartago sometidos estaban en Europa por lo que desde entonces Roma se extendía a buena parte de la Península Ibérica, pueblos francófonos y macedonios. Y en la tercera guerra púnica, en el parlamento romano se le escuchó decir al senador Catón: “Cartago delenda est” (Cartago debe ser destruida). Lo que sobrevino fue el sitio de Cartago (5 años), donde Roma en sus cartas a los gobernantes fenicios, les anunciaba como “acuerdo” que Cartago sería destruida y reconstruida lejos de la costa.  En el 146 antes de cristo, Roma rompió la resistencia fenicia, destruyó la ciudad hasta los cimientos, asesinó de forma generalizada y convirtió a mujeres y niños en esclavos.

Por su puesto, Cartago a lo largo de las guerras púnicas enfrentó militarmente a Roma, en Europa incluso por la retaguardia romana en la bota itálica, con Anibal Barca y Asdrúbal, lo cierto es que las negociaciones de entre guerras permitieron a Roma tomar el aire suficiente para imponerse a los fenicios.

Ahora bien, la estrategia romana de imponerse por la fuerza a naciones comerciales quedó siendo una guía indeleble y que se proyecta a la “conquista de América” por los españoles y portugueses, o los capítulos que estas mismas metrópolis y otras europeas hicieron en África, Oriente Medio o el Lejano Oriente en diferentes momentos de la historia, y lo que va de la “era de los descubrimientos” desde el siglo XV, hasta como fue doblegado el imperio económico del siglo XVIII de la industria India con la destrucción de las factorías de telares por el imperio británico, lo que incluyó amputación de dedos de los artesanos, y las guerras del opio con lo que de nuevo Gran Bretaña con su armada eclipsó el poder productivo y comercial de la china en el siglo XIX.

Por su puesto, la dominación moderna, es decir, la presente durante el siglo XX, también hay que observarla en la misma clave: destruir el poder productivo mediante la intervención y bloqueo militar para luego imponer la dictadura comercial de las compañías extranjeras, lo que se advierte en China en el denominado siglo de la humillación, entre mediados del siglo XIX y el siglo XX. De hecho, la India no ha podido sobreponerse a dicho modelo o el mismo Sur Global en este momento.

Esto para decir, que es una escena parecida a la que enfrenta la humanidad entrado el segundo cuarto del siglo XXI. Eso sí, algo donde EEUU enfrenta un contexto de choque con potencias nucleares y demográficas como China.

No puede olvidarse que el auge del imperio romano se suscitó cuando volvieron piedra sobre piedra sus urbes y eliminaron lenguas y escritura a los considerados sus adversarios, para imponer como historia de su origen y cultura referencial la de los vencedores. 

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