Es común observar como la literatura universal recuerda
frases originarias del latín y en particular aquellas que coronaron discursos
de emperadores o senadores de la roma imperial. Y no es extraño, porque Roma
fue un imperio que se impuso a las diversas nacionalidades y gobiernos en la Europa
desde el siglo III antes de cristo y que solo retomaron su independencia en el
siglo V de nuestra era(mal contados 7 siglos) con la caída del imperio romano
tras el agotamiento consecuencia de los altos gastos de guerra con lo que contenían los “pueblos bárbaros” en sus
fronteras pero que por siglos fueron expulsados de sus territorios y ante la emergencia
de potencias económicas y políticas en Mesopotamia, ligadas entre otros al
comercio con el lejano Oriente mediante la Ruta de la Seda.
De entenderse que en Latinoamérica se hable el idioma
español, una lengua latina ascendente del latín imperial romano, se traigan las
altisonantes frases de los emperadores y generales de la antaño bota itálica, y
que fuera impuesto a los pueblos amerindios luego del sometimiento de América
por la metrópoli de la Península Ibérica.
Entre otros, a la postre las monarquías europeas constantemente
querían parecerse incluso en su halito imperial a la roma imperial, lo que va
de los reyes católicos a Napoleón, el imperio romano germánico (siglo X al
XVII), lo que se extiende en otros momentos de la historia al Tercer Reich
alemán o el propio Estados Unidos.
Ahora bien, se referencia la historia de la roma imperial, como
referente político y cultural, sin embargo, se olvida que Roma rompió una edad
Mediterránea caracterizada por el auge comercial cartaginés donde era la producción
económica y los intercambios de productos sobre lo que descansaban las relaciones
regionales entre las nacionalidades y pueblos europeos y Cartago como centro
económico, por su puesto, de la misma capital fenicia(desde el siglo VII antes
de cristo, localizada en la actual Túnez, con una migración que sobrevenía de los
territorios de Palestina, Siria y la región del levante, de donde bebió la propia
Grecia antigua) con la roma republicana.
De hecho, las tres Guerras Púnicas, como decir, las Guerras Mundiales
vinculadas al Mediterráneo antiguo entre Cartago y Roma, donde la metrópoli
itálica simplemente decide ante su incapacidad de desarrollo productivo y
comercial, imponerse militarmente a Cartago quien si bien tenía un ejército,
como se ha mencionado, se proyectaba esencialmente mediante la producción y el
comercio.
En la primera guerra púnica (23 años), Roma se impuso a los aliados
comerciales y vecinos en el Mediterráneo Occidental, a la Magna Grecia y Sicilia.
En la segunda guerra púnica (20 años), los siguientes aliados comerciales de
Cartago sometidos estaban en Europa por lo que desde entonces Roma se extendía
a buena parte de la Península Ibérica, pueblos francófonos y macedonios. Y en
la tercera guerra púnica, en el parlamento romano se le escuchó decir al
senador Catón: “Cartago delenda est” (Cartago debe ser destruida). Lo que
sobrevino fue el sitio de Cartago (5 años), donde Roma en sus cartas a los
gobernantes fenicios, les anunciaba como “acuerdo” que Cartago sería destruida
y reconstruida lejos de la costa. En el
146 antes de cristo, Roma rompió la resistencia fenicia, destruyó la ciudad
hasta los cimientos, asesinó de forma generalizada y convirtió a mujeres y
niños en esclavos.
Por su puesto, Cartago a lo largo de las guerras púnicas
enfrentó militarmente a Roma, en Europa incluso por la retaguardia romana en la
bota itálica, con Anibal Barca y Asdrúbal, lo cierto es que las negociaciones
de entre guerras permitieron a Roma tomar el aire suficiente para imponerse a
los fenicios.
Ahora bien, la estrategia romana de imponerse por la fuerza a
naciones comerciales quedó siendo una guía indeleble y que se proyecta a la “conquista
de América” por los españoles y portugueses, o los capítulos que estas mismas
metrópolis y otras europeas hicieron en África, Oriente Medio o el Lejano
Oriente en diferentes momentos de la historia, y lo que va de la “era de los
descubrimientos” desde el siglo XV, hasta como fue doblegado el imperio
económico del siglo XVIII de la industria India con la destrucción de las factorías
de telares por el imperio británico, lo que incluyó amputación de dedos de los
artesanos, y las guerras del opio con lo que de nuevo Gran Bretaña con su
armada eclipsó el poder productivo y comercial de la china en el siglo XIX.
Por su puesto, la dominación moderna, es decir, la presente
durante el siglo XX, también hay que observarla en la misma clave: destruir el
poder productivo mediante la intervención y bloqueo militar para luego imponer
la dictadura comercial de las compañías extranjeras, lo que se advierte en
China en el denominado siglo de la humillación, entre mediados del siglo XIX y
el siglo XX. De hecho, la India no ha podido sobreponerse a dicho modelo o el
mismo Sur Global en este momento.
Esto para decir, que es una escena parecida a la que enfrenta
la humanidad entrado el segundo cuarto del siglo XXI. Eso sí, algo donde EEUU enfrenta un
contexto de choque con potencias nucleares y demográficas como China.
No puede olvidarse que el auge del imperio romano se suscitó
cuando volvieron piedra sobre piedra sus urbes y eliminaron lenguas y escritura
a los considerados sus adversarios, para imponer como historia de su origen y
cultura referencial la de los vencedores.
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