Mucho se discute sobre la posverdad y algunas
acepciones apuntan al candidato estadounidense a la presidencia Donald Trump, colocando
sobre la mesa la falsificación de la realidad con el fin de modelar la opinión
pública o una masa de electores.
Ahora bien, la posverdad tiene que ver con la poshegemonía,
es decir, una escena donde los parámetros de dominio se ven contestatos por la
emergencia de otras potencias, lo que deriva en cambios significativos en lo que
hasta hace poco era la doctrina universal. Raudamente se ha pasado de hablar de
Globalización, es decir, las sucesivas revoluciones comerciales que impulsaban
las multinacionales estadounidenses y que para sortear fenómenos de crisis de
sobreproducción y ganancia, terminaron con sus industrias en el Lejano Oriente,
al reshoring o nearshoring, es decir, el retorno de las factorías al suelo de
la Unión Americana. Del libre comercio en clave de la desaparición de los aranceles
a su inverso, es decir, el anuncio constante de subas de aranceles a productos originados
en China. (sucederá con cualquier producto que no tenga el título Made in Usa).
Se ha pasado de promover el uso de tecnologías
de punta sujeta a la relación calidad precio, a promover renunciar a estas,
como el caso del 5G, los autos eléctricos y autónomos, la electrificación
solar, los smartphones…que son producidos por Beijing.
La posverdad tuvo su gran capitulo con el
Oscurantismo entre el 476 y 1492 de nuestra era, es decir, cuando Europa quedó
al margen de la centralidad comercial del mundo, por entonces concentrada entre
Mesopotamia y el Lejano Oriente. De
hecho, la irrelevancia de Europa tiene fin con la Conquista de América, donde las
riquezas arrebatadas a los americanos terminaron por facilitar, financiar sucesivas
revoluciones del pensamiento y la tecnología.
En el Oscurantismo primaba el control de las
sociedades europeas mediante el aislamiento de las tendencias sociales y políticas,
es decir, la Ilustración que se daba como mezcla de las culturas que gravitaban
en torno a los ríos Tigris y Yangtzé, hundiendo el Viejo Continente en la
doctrina cristiana, donde la biblia y la interpretación de la misma era hecha
por reyes o de otra forma, monarcas poseedores de los factores de producción
esenciales, tal como en la modernidad lo hacen las multinacionales. Se pasó
pues del heliocentrismo de Demócrito del IV antes de cristo al terraplanismo y al
origen del mundo retratado en el génesis.
La posverdad entonces es la crisis de los
referentes políticos, sociales y culturales de una nación hegemónica en declive
con el intento de cegar a regiones colonizadas de los avances que poseen otras
culturas emergentes, con lo que evitar la aceleración de la erosión del dominio
colonial.
Lo que fue ayer el teocentrismo con la biblia,
hoy lo es la promoción de una Torre de Babel fundada en la internet, con la que
como en el pasado, cuando se quemaban los libros hoy se manipule y se promueva
información irrelevante o derive en nuevas formas de colonización a través de
la World Wide Web.
Por su puesto tiene que ver con la información.
¿Alguien duda que los medios de comunicación tradicionales de Colombia como
extensión de la era de la hegemonía global y local, son un referente de la
posverdad?
También con la educación, esa de los pupitres,
colegios, escuelas, universidades, que ha sido sustituida como referente del conocimiento por
la internet y que gira en torno a una pedagogía contraintuitiva, no experimental y eminentemente
disciplinar.
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