La batalla entre élites económicas en Estados
Unidos entre cruza dos visiones sobre el que hacer de la Unión Americana en
medio de su crisis de hegemonía.
Los demócratas, con Biden, en su gobierno de 4
años y que culmina en enero próximo mostró su apuesta con la intensificación de
la guerra en torno a Moscú mientras presiona psicológicamente a Beijing en el
Mar Meridional de China con su apoyo a Taiwán, en la búsqueda de doblegar la
decidida opción de China en su alianza con Rusia, algo en general aplaudido y avalado
por los mass media estadounidenses y occidentales, los que detrás representan importantes
intereses económicos en Wall Street entre los que pueden contarse tecnológicas
como Google, Microsoft, Facebook o Netflix, en general, los principales rotativos
en radio, tv o prensa en Occidente.
Este control mediático fue el que facilitó la
caída de Trump hace 4 años, y que tenía en primer plano el desespero de las grandes tecnológicas debido
a que el magnate de Mar a Lago, solo apostaba por apretar las clavijas impositivas a Beijing, como fórmula de disuasión
para que China no terminara por concretar un acuerdo con Moscú.
Agua ha pasado bajo el puente desde entonces. Hoy ya existe un acuerdo consolidado entre las cities euroasiáticas con mandarines y eslavos, que se extiende a la cocción de los BRICS, ya ahora BRICS Plus(que incluye a Arabia Saudita e Irán), la perforación del swift y el polvorín en que se ha convertido Ucrania y Oriente Medio, a lo que habrá que unir el acuerdo militar Rusia Corea del Norte.
El espacio de maniobra de Trump en la defensa de
Wall Street, en este sentido, se ha más que contraído, por lo que las antaño fórmulas
políticas aplicadas en su anterior gobierno, que por momentos repite, como si
no hubiese pasado nada, difícilmente pueden guiar la geopolítica actual.
Trump ha planteado en medio del debate
electoral que usará el arma de los aranceles al resto del mundo como fórmula
para obligar a la reindustrialización de la Unión Americana, sin embargo, ello
no hará sino incrementar los precios de los productos comercializados en EEUU,
impulsando la inflación y las rotativas del papel verde en la reserva federal
para corregirlo. En el mediano plazo, lo cierto es la relocalización de industrias,
la reestructuración de la logística global o el desarrollo tecnológico no se
logran por decreto.
Por lo visto, Donald Trump terminará por
gobernar con la actual agenda política de los demócratas a nivel internacional,
mientras en lo doméstico el vencedor del día de ayer hará de su batalla contra
la política woke, la consolidación de su poder en las cortes, la represión a
los migrantes, el recorte del gasto social y la política verde y de los
combustibles en clave del pragmatismo de los negocios, el referente que le de existencia.
Sin duda, las compañías de Musk serán
beneficiadas, sin embargo, las tecnológicas del Nasdaq que se alinearon con los
demócratas, optaran como en el pasado gobierno de Trump por llegar a acuerdos pragmáticos.
Y si se piensa en Europa Occidental, aquí si es
presumible que se repita el mandato del primer gobierno del republicano, donde
explicita que estos defenderán los intereses de EEUU en el Viejo Continente, lo que pasa
por la guerra y pagar con sus propios recursos la misma, lo que incluye el enrolamiento
de sus jóvenes.
Respecto de los países del Sur Global, lo cierto es que, ante el temor a las medidas impositivas y militares de Trump, esto no hará más que inclinar la balanza hacia alianzas internacionales que les protejan, lo que evidencia el papel que jugarán los BRICS + y explica, la cola de países solicitando ingreso al bloque económico en la pasada reunión celebrada en Kazán, Rusia.
