El ascenso, de nuevo, del trumpismo está
cruzado por la discusión sobre lo que debe ser el referente de la economía
estadounidense, que reflote y de lugar a un proceso industrializador a la Unión
Americana.
En el pasado la disputa entre los modelos más o
menos intermediados por el Estado, el capitalismo eminentemente corporativo y el
pseudo keynesianismo, que ocultaba la realidad de que el Estado transfiera cíclicamente,
lo que se denomina acumulación primitiva o suficiente de capital, al sector
privado en medio de las típicas crisis de sobre producción y de ganancias del
capitalismo, adquiere nueva forma tanto con la arista del Green New Deal
de los demócratas como por la mezcla pragmática del republicanismo que incorpora
a la Tercera Revolución Industrial basada en tecnologías denominadas
verdes y que tienen que ver con la promoción del uso del auto eléctrico(por
supuesto, solo el de Musk), y que denominan electromovilidad, la adopción de la
energía solar(con paneles intermediados por multinacionales occidentales, ni se
les ocurra comprar directamente a Beijing, porque tiene dispositivos para
espiar), o la energía eólica(con axioma semejante al
usado en los paneles), con el seguro en el arma del fomento sin ambages del
fracking, la guerra por el petróleo convencional en el mundo y la energía nuclear.
Es decir, Wall Street está conforme porque
empresarios de ambos partidos políticos tendrán subvenciones estatales por punta
y punta (a lo que se suma la disminución de sus impuestos), aunque claro es que
se sentirá “la mano invisible” favorable a las megacompañ+ias que acompañaron
en campaña al entonces candidato y ahora presidente electo Donald Trump.
Hay pues una relativa tregua en la guerra del algoritmo
en EEUU y que demuestra su poder cuando en enero de 2021, Trump decidió
impulsar la toma del Capitolio ante lo que denunciaba como unas elecciones
opacas, por cierto, reñidas, y donde las Big Tech optaron por “quitar” las
cuentas al mandatario. Quizás si no le hubiesen cerrado las cuentas a Trump
otra hubiera sido la historia en los Estados Unidos. Es decir, la pirotecnia de
las redes en la política es una realidad incuestionable eso sí, guiada por
algoritmos y las “reglas de uso” que definen según su interpretación e
interés los magnates y élites entorno a Musk, Pichai, Gates, Cook o Zuckerberg, y al
margen de cualquier entidad estatal.
En los tribunales de Estados Unidos se discute
la opción de obligar a Alphabet (Google), a vender a Chrome el buscador predominante en el mundo, como medida tendiente a regular su posición
monopólica, algo que se da en el contexto del cierre de casos judiciales contra
el presidente electo Trump. Se entiende la visita del día de ayer del señor Marck
Zuckerberg de Meta a la mansión de Mar a Lago.
El realismo de sobrevivir apalancados en
montañas de dólares irredentos en el sistema mundo capitalista hace la magia.
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