2024/11/30

El ascenso, de nuevo, del trumpismo está cruzado por la discusión sobre lo que debe ser el referente de la economía estadounidense, que reflote y de lugar a un proceso industrializador a la Unión Americana.

En el pasado la disputa entre los modelos más o menos intermediados por el Estado, el capitalismo eminentemente corporativo y el pseudo keynesianismo, que ocultaba la realidad de que el Estado transfiera cíclicamente, lo que se denomina acumulación primitiva o suficiente de capital, al sector privado en medio de las típicas crisis de sobre producción y de ganancias del capitalismo, adquiere nueva forma tanto con la arista del Green New Deal de los demócratas como por la mezcla pragmática del republicanismo que incorpora a la Tercera Revolución Industrial basada en tecnologías denominadas verdes y que tienen que ver con la promoción del uso del auto eléctrico(por supuesto, solo el de Musk), y que denominan electromovilidad, la adopción de la energía solar(con paneles intermediados por multinacionales occidentales, ni se les ocurra comprar directamente a Beijing, porque tiene dispositivos para espiar),   o la energía eólica(con axioma semejante al usado en los paneles), con el seguro en el arma del fomento sin ambages del fracking, la guerra por el petróleo convencional en el mundo y la energía nuclear.

Es decir, Wall Street está conforme porque empresarios de ambos partidos políticos tendrán subvenciones estatales por punta y punta (a lo que se suma la disminución de sus impuestos), aunque claro es que se sentirá “la mano invisible” favorable a las megacompañ+ias que acompañaron en campaña al entonces candidato y ahora presidente electo Donald Trump.

Hay pues una relativa tregua en la guerra del algoritmo en EEUU y que demuestra su poder cuando en enero de 2021, Trump decidió impulsar la toma del Capitolio ante lo que denunciaba como unas elecciones opacas, por cierto, reñidas, y donde las Big Tech optaron por “quitar” las cuentas al mandatario. Quizás si no le hubiesen cerrado las cuentas a Trump otra hubiera sido la historia en los Estados Unidos. Es decir, la pirotecnia de las redes en la política es una realidad incuestionable eso sí, guiada por algoritmos y las “reglas de uso” que definen según su interpretación e interés los magnates y élites entorno a Musk, Pichai, Gates, Cook o Zuckerberg, y al margen de cualquier entidad estatal.

En los tribunales de Estados Unidos se discute la opción de obligar a Alphabet (Google), a vender a Chrome el buscador predominante en el mundo, como medida tendiente a regular su posición monopólica, algo que se da en el contexto del cierre de casos judiciales contra el presidente electo Trump. Se entiende la visita del día de ayer del señor Marck Zuckerberg de Meta a la mansión de Mar a Lago.

El realismo de sobrevivir apalancados en montañas de dólares irredentos en el sistema mundo capitalista hace la magia.

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