La multipolaridad, el ascenso industrial y
competitividad de precios y calidad de productos Made in China, la saturación
de los mercados internacionales de bienes como los vehículos particulares, es
decir, la crisis de tasa de ganancia y de sobreproducción, los cuestionamientos
a sus emisiones de gases de invernadero u otros que impactan el aire de las
ciudades y las perspectivas en cuestión de sobregiro financiero a través de
emisiones de dólares por parte de Washington, que prevé ralentizarse, está
llevando a las empresas multinacionales occidentales y en particular las
dedicadas a la producción de vehículos particulares, a redireccionar sus
patrones de operación, una inflexión que se siente con el cierre de fábricas en Europa
como en América Latina.
Es una queja constante originada en Washington, y es que los europeos no les compran sus productos, mientras las firmas europeas disfrutan del mercado estadounidense. Por nombrar, la cuota de mercado de General Motors en Europa Occidental es de 0% desde 2018, pero es apenas una de las aristas.
La cuota de mercado, siguiendo con una firma insigne del sector automotriz como General Motors y representativa de EEUU, no solo se ha estancado en el tiempo, si no que se precipita de 11,3% en 2014 a 7,1% en 2023, un signo que habla de la competencia con los vehículos producidos por firmas chinas, lo que incluye el mercado de vehículos eléctricos y la saturación de los mercados.
Un mercado se satura en razón a procesos que inhiben el mercado de ventas, que tiene que ver con un techo de ventas en función de los ingresos disponibles de las personas, subvenciones estatales(o al contrario incremento de impuestos ambientales o convencionales), en fin, la capacidad de recambio y modernización de las flotas, y lo que explica, continuando con el referente, que General Motors haya pasado de vender alrededor de 10 millones de vehículos en el mundo en 2014 a solo 6 millones en 2023.
Este mismo fenómeno es el que explica el giro a la tuerca de los vehículos eléctricos y su fusión con la autonomía, una modalidad de transporte transformada que busca recrear de ceros el mercado de la movilidad global. Es decir, que pretende obligar a que el parque de automotores privados de combustión o también denominados térmicos, que se cuenta en miles de millones en el orbe que tendrían que ser sustituidos por vehículos eléctricos y degradados en su valor.
Tiene sentido ambiental, es decir, externalizar los impactos ambientales de la combustión de los carros en las ciudades mientras el impacto de los eléctricos, igualmente inestimables, se localizan en su proceso de producción, en la modalidad de generación de energía eléctrica de los países con que alimentarlos y finalmente en los aún indescifrados procesos de reciclaje, por ello se subraya que una solución sostenible no está en la electromovilidad del vehículo privado, sino en sistemas de transporte masivo de carácter eléctrico, en particular los asociados al transporte sobre rieles o sobre espejo de agua.
Aún así la expectativa de las multinacionales occidentales de este sector que pretendían ampliar su espectro geoeconómico a través de la electromovilidad, y en lo que esperaban no tener competencia en el mundo, se encontraron con el desarrollo tecnológico de China en todos los órdenes del transporte privado.
Sucede en buena parte de los campos de la manufactura e incluso las tecnologías de la información y la comunicación, pensar por ejemplo en la IA, aristas que explícitan la crisis sistémica del capitalismo occidental en la actualidad, que obligan a las multinacionales de EEUU y Europa Occidental a finalizar su proceso, ya ralentizado, de expansión internacional en tanto progresa una retracción y eliminación de factorías y proyectos tecnológicos, mientras se concentran en las secciones comerciales en las que aún observan oportunidades económicas.
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