2024/09/29

La internet desde su lanzamiento en su uso al mundo, como era de esperarse de una herramienta desarrollada por una potencia hegemónica global, buscaba otorgar a las compañías de Wall Street consolidar posiciones de monopolio no solo de la esfera doméstica estadounidense sino global.

Sucede con artefactos estratégicos como los aviones o tanques de guerra, donde el control de su operación, el seguimiento satelital o el mantenimiento convierte en una caja negra los equipos, lo que se explicita incluso de manera abierta en las licencias y contratos de compraventa. Es decir, EEUU, se reserva, pese a recibir un pago por productos considerados estratégicos, el mantener el control sobre los mismos.

Sucede con Internet, por supuesto, entre otros porque los exabytes que circulan por la red entregan información de primera mano a Estados Unidos sobre casi que cada pensamiento que tiene cada ser humano en el planeta que usa un smartphone, y eso tiene múltiples usos, como herramienta de control político, el comercio, partiendo de conocer las finanzas privadas, de hecho la vida íntima y personal de cada individuo, y, claro está, los fines propiamente militares, o como también lo denominan de seguridad.

En esto Pegasus, es solo una forma de justificar la venta de esta información sin que las grandes tecnológicas queden expuestas, es una puerta trasera, se diría, toda vez que se monetariza la información acopiada en las granjas de servidores alojados especialmente en EEUU.

 Recordar que las patentes de corso visibles desde el siglo XV,  concedidas a los corsarios británicos, holandeses o franceses por sus monarquías mientras se presentaba la conquista de América, África y Asia, era el secreto mejor guardado y con lo que las metrópolis en Europa evitaban que su actividad clandestina condujera a una batalla abierta en suelo del Viejo Continente, mientras la clave de la economía y finalmente del orden militar, el oro y las materias primas( y que hoy tiene equivalencia con los exabytes de información), que transportaban españoles o portugueses, eran saqueadas en alta mar.

Esto mismo, las secretas “leyes de piratería” fue lo que permitió que las compañ+ias británicas, holandesas o francesas acumular riquezas y conocimiento de las metrópolis hegemónicas para luego finalmente fraguar sus periodos de supremacía.

Eran las principales empresas multinacionales de la época. 
Vueltas fábulas, estas historias han aportado excepcionales ganancias en las cintas de Hollywood.

Imponer una cultura tiene sus réditos. La moda de las redes sociales que fomenta la promoción pública de lo privado, del narcisismo basado en modelos estereotipados y de vida cool, de los aires de superioridad económica y de aparente felicidad fundados en la comunicación instantánea, es la psicología social con la que los monopolios de las tecnologías de información y la comunicación occidentales han amasado fortunas y el control de las sociedades en la vida moderna.

Por su puesto, siempre te hablarán de comunicación y no de vigilancia, y de que ¿Quién puede dudar de Microsoft, Alphabet o Meta?

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