En Nueva York el presidente de Argentina, Javier Milei fue invitado a tocar la campana de apertura de la Bolsa de Valores, Elon Musk hace entrega del premio Global Citizen Awards a Giorgia Meloni primera ministra de Italia, que concede el Atlantic Council, un grupo para la promoción política de EEUU en Europa, entre tanto, Zelensky, quien culminó su mandato constitucional el pasado 20 de mayo y que “evitó” llamar a elecciones - algo que no le perdonarían al presidente Putin de no haberlo hecho en marzo de este año-, pero reconocido por Washington como presidente de Ucrania, es invitado a visitar una mega fábrica de armas en un estado clave para las próximas elecciones en EEUU, Pensilvania, algo que habla de mecanismos de reactivación económica estadounidense, mientras en la Asamblea de la ONU, le apagan el micrófono en medio de su intervención al presidente de la República Federativa de Brasil, Luis Inacio Lula da Silva.
El alineamiento premia como se ve, sin embargo,
una ONU fragmentada políticamente difícilmente tiene oportunidad de recuperar
algún grado de democracia en sus determinaciones y en particular, que pueda
detener la guerra, que avanza como “el fantasma que recorre el mundo”.
Entre otros, por lo que se ve en el discurso cáustico
de Milei ante la Asamblea de la ONU, donde la denominó como “propulsora de la violación sistemática de la
libertad” habla de las derivas occidentales sobre la misma, cual es que si la
ONU no apoya la agenda estadounidense, preferible desaparecerla, un contraste
con lo que plantea Lula da Silva, que propone la reestructuración de sus
instituciones al tenor de la multipolaridad, en la dirección de que se recupere
como foro de diálogo y concertación entre las naciones del mundo, acorde a la
soberanía, intereses diferenciados y democracia, como soporte concreto para la búsqueda
de soluciones a la guerra y al injerencismo.
La Asamblea General de la Organización de
Naciones Unidas, el escenario propiamente de la democracia de la entidad
multinacional, en medio de todo y del rígido control que impone occidente sobre
sus instituciones hace apenas unos días, el 18 de septiembre, con patrocinio de un grupo de países entre los que se encuentra Colombia, adoptó una
resolución que “exige a Israel el fin de la ocupación de Palestina”, con una
votación de 124 votos a favor, 14 en contra y 43 abstenciones, y un plazo de 12
meses para su cumplimiento.
La Asamblea “exige que Israel
cumpla sin demora todas sus obligaciones legales en virtud del derecho
internacional, incluidas las estipuladas por la Corte Internacional de
Justicia”, entre otras cosas:
- retirando todas sus fuerzas militares del Territorio Palestino
Ocupado, incluidos su espacio aéreo y marítimo. (lo
que incluye Gaza, por su puesto).
- poniendo fin a sus políticas
y prácticas ilegales, incluido el cese inmediato de toda nueva actividad
de asentamiento, la evacuación de todos los colonos del Territorio
Palestino Ocupado y el desmantelamiento de las partes del muro construido
por Israel que están situadas en el Territorio, y derogando toda la
legislación y las medidas que crean o mantienen la situación ilegal.
La resolución agrega a su vez que:
La
comunidad internacional “deplora
enérgicamente el continuo y total desprecio e incumplimiento por parte del
Gobierno de Israel de las obligaciones que le incumben en
virtud de la Carta de las Naciones Unidas, el Derecho internacional y las
resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas, y subraya que tales
incumplimientos amenazan gravemente la paz y la seguridad regionales e internacionales”.
La
respuesta del portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel Oren Marmorstein
ante la resolución aprobada por la Asamblea fue que:
"El teatro político, llamado Asamblea
General, ha adoptado hoy una decisión distorsionada que está desconectada de la
realidad, fomenta el terrorismo y perjudica las posibilidades de paz. Así es la
desconexión, así es la cínica política internacional”.
Muchos discuten que la resolución de la
Asamblea chocará con el veto de EEUU en
el Consejo de Seguridad, y que como otras resoluciones bloqueadas en este
sentido en el pasado, no traerá efectos relevantes debido a que tampoco los países
que votaron a favor de la resolución asumirán un rol militar
para defenderla.
Sin embargo, los oídos sordos de Estados Unidos al reclamo
internacional y que tiene que ver con la expansión
de la guerra en este momento por parte de Israel en el Líbano, no hará si no más que acentuar el aislamiento internacional que ya acumula Washington.
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