2024/09/26

Decenas de discursos han pasado por el atril de la Asamblea General de Naciones Unidas y la que tiene como primer problema, que posee como única sede la ciudad de Nueva York. En el auditorio, regularmente vacío, se escuchó al mismo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que sigue hablando como candidato presidencial, olvidándose que ya no lo es.

Los discursos más lógicos son aquellos que cuestionan la guerra o la acción violenta ligada al exterminio de sociedades en cualquier lugar del orbe, mientras insisten en la salida negociada a los conflictos y tensiones en Asia, África, América Latina o Europa, y que diariamente abultan las cifras de familias destruidas por la muerte.

Quizás la sala de sesiones de la Asamblea se vea tan desapacible en tanto no hay duda que la decisión de Estados Unidos de dejar de apoyar a Israel, financiera, militar y políticamente llevaría al estado hebreo a sentarse en una mesa de negociación, pero el discurso de que hay que negociar primero consiguiendo la supremacía militar de Tel Aviv(como si no la tuviera), algo que también se escucha en el caso de Ucrania, y adoptado en general por Occidente, parece corroborar que Washington como Europa Occidental confían en un resultado a su favor en el curso de dichas situaciones, lo que tiene que ver con la recuperación colonial de Occidente del Medio Oriente, en particular de los recursos petroleros,  por medio del  torbellino de violencia que encabeza Israel y de la locura napoleónica, o del Tercer Reich  Alemán en su momento, y que se reedita ahora con Ucrania  como punta de lanza en la idea de doblegar y repartirse Rusia.

Ahora bien, no hay que perder de vista que lo que permitió el auge estadounidense en la segunda mitad del siglo XX, fue la doble llave que significaba el control de Oriente Medio, a través de Israel, y el uso del petróleo crudo de esta región para movilizar su industria, el que pagaba con impresión de dólares, es decir, el denominado petrodólar, lo que facultó el desarrollo de las multinacionales estadounidenses y su tren de la innovación y recreación tecnológica.  No fue una victoria militar de Estados Unidos a la URSS, si no lo planteado, hay que subrayarlo.

En este sentido, esta doble llave, es decir, el uso del petróleo para el desarrollo y producción industrial y tecnológica sigue teniendo pivote en Oriente Medio, pero ya con China y en conjunción con los BRICS(+). Por demás a falta de suministros de crudo de los países del golfo Pérsico, China cuenta con el petróleo de la misma Rusia.

Estos factores explican la potencialidad del futuro productivo, tecnológico, industrial, financiero y comercial del poder que emerge de Oriente, de hecho, evidencia que a Occidente le queda poco más que iniciativas en torno a la guerra que de sentido a su existencia, y claro está, su lugar en la intermediación comercial de los productos Made in China, o producidos por las multinacionales estadounidenses en el país asiático.

Puede considerarse que mientras Oriente se enroca en las potencialidades mencionadas, EEUU paulatinamente se irá ahogando en medio de emisiones de dólares progresivamente impactadas por una economía estancada y previsiblemente dirigida a la estanflación.

Sin duda, el curso de este fenómeno es el que mueve las manivelas del reloj de una guerra para la que todas las potencias se van preparando, salvo si Estados Unidos, como lo hiciera la URSS en su momento se dispusiera a asumir su nuevo rol internacional como potencia media en medio del ascenso del poder internacional de Oriente.

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