2024/09/30

El siglo XX estuvo cruzado por la discusión sobre cual debe ser el referente de la economía, si la definida por Keynes, Marx o Hayek.

Universidades y académicos europeos y estadounidenses que transitaron del keynesianismo al monetarismo y asiáticos en Moscú, Pekín o Nueva Delhi que lo hicieron del marxismo al keynesianismo, batallaron tanto con sus teorías como con sus prácticas.

Ahora bien, la matematización del sistema de precios con gruesas ecuaciones y que se estructuraban y presumían una autosuficiencia de recursos para las economías locales, descontaron de facto el peso del mercado internacional y la dependencia de muchos suministros, por no estar dispuestos en el suelo de los países y que obligatoriamente tenían que ser importados, lo que en muchos casos traía un desequilibrio de consideración para economías dependientes de existencias de materias primas esenciales como los combustibles o en momentos de caída  o restricciones de la producción agrícola, a la postre lo que traduce un déficit comercial, lo que significaba que no existía un modelo único de economía si no que era particular a las capacidades y potencialidad de cada país o nación.

Importar por ello modelos predefinidos de los países centrales era finalmente una trampa a las posibilidades del desarrollo nacional. Sucedía tanto para el orden Occidental capitaneado por el capitalismo empresarial, con los economistas venidos de Chicago o Stanford en EEUU, Oxford o Cambridge en Reino Unido, como su opuesto, el vinculado al capitalismo de estado de Moscú en su momento.

Desaparecido el campo socialista, en la era de la unipolaridad, este impase terminó por resolverse de facto en el caso de los países del Sur global, mediante una división internacional del trabajo, es decir, dejando de lado la perspectiva de economías domésticas autosuficientes, a aquel modelo que establecía competencias nacionales pero que terminaron introduciendo el monocultivo en el sector agrícola o la dependencia de exportaciones específicas de materias primas, como  hidrocarburos por ejemplo, un modelo que se exportó desde las metrópolis occidentales y que finalmente conducen a una economía frágil y dependiente de la ayuda financiera de los estados centrales, que se reservan un proceso continuado de industrialización y desarrollo tecnológico.

Es más, las economías del Sur Global terminaron siendo diseñadas a la medida del desarrollo de las metrópolis occidentales, para resumir y que se impuso debido al diseño de economías con déficits comerciales y en consecuencia de la importación de dólares para cerrarlos(algo que se relativiza con el comercio internacional entorno al yuan y otras monedas emergentes).

Las economías de las potencias occidentales con superávits fiscales apalancan las economías reducidas al subdesarrollo en el Sur Global, lo que sugiere, claro está, la rueca del endeudamiento internacional en dólares y finalmente la constitución de estados alcabaleros. Este mismo ciclo es sobre el que descansa la supremacía internacional de la Reserva Federal de los EEUU y su oficio como litografía de la moneda global.

Mucho se ha demonizado a Hayek por su reacción a los mercados intervenidos por el estado y considerado por ello como padre del neoliberalismo. Sin embargo, Hayek aporta realidades como  que los sistemas de precios “de cada producto” en un país y definidos por un proceso de oferta y demanda, difícilmente pueden ser sustituidos por cálculos fríos de escritorio al margen de los productores y de los procesos reales. De hecho, los productos están en constante desarrollo.

El aporte de Keynes se sitúa en como los valores de mercado si bien pueden flotar en función de la oferta y la demanda en un régimen de libertad de competencia, lo cierto es que un sistema de precios eficiente se ve erosionado por una economía en la que predominen los monopolios, lo que deriva en carteles que imponen precios al margen de la realidad de la producción y de carácter rentístico u especulativo(pensar en la intermediación financiera), y que evolucionan en torno del control político del estado, la corrupción y las autocracias.

Es decir, el control de precios de los productos eficiente se ve afectado tanto por una economía donde predomina la acción del estado, definiendo valores matematizados y al margen de los procesos reales de producción, así como por aquel que se establece en un escenario económico arbitrado propiamente por monopolios u oligopolios.

Esto para comprender las bases de una economía funcional, a lo que habrá que agregar la obtención de ahorro por parte del estado para enfrentar los periodos de vacas flacas, hoy bien perceptibles por ejemplo con el cambio climático o las tensiones geopolíticas internacionales, cuando se requerirá del mercado internacional para salir al paso a situaciones críticas, y la adopción de diversas medidas orientadas a mantener una economía en un rango operativo al margen de los extremos de predominios en el establecimiento del sistema de precios.

El mayor nivel de diversificación productiva y de autosuficiencia de los países es el mejor antídoto para evitar el endeudamiento exterior. Por su puesto, las alianzas regionales con otros países vecinos y en general de la comunidad de naciones a nivel global, representa, a su vez, un factor de seguridad adicional a todo lo antes mencionado.

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