2024/02/12

En general el estudio de las guerras y la conflictividad armada en el mundo, versa sobre el poder de los ejércitos, la característica de los grupos en confrontación, el tiempo de duración, aspectos geográficos, entre muchos otros, pero poco sobre el contexto global en el que se presentan los mismos, y ello cobra importancia determinante en el momento actual.

Los contextos globales como la bipolaridad, unipolaridad o tránsito a la multipolaridad, cobran toda relevancia, y hablan de la contención o del mayor o menor riesgo que existe en la confrontación directa entre potencias. Por su parte, y de manera transversal, explicita el estado de la Organización de Naciones Unidas, en particular, si traduce un escenario para la resolución pacífica de intereses o si, estando agotado, ya los choques son abiertos y al margen de dicho escenario.

Dicho esto, y reconociendo que estamos en un periodo de transito hacia la multipolaridad, un agotamiento de las capacidades transaccionales en el torno de la Organización de Naciones, y la aparición de guerras proxi, entre potencias, vale detenerse ahora mismo, en la situación de Ucrania, esto porque, estableciendo los efectos del resultado de dicha confrontación hace pensar en como se proyectará este y otros conflictos armados concomitantes, o que pertenecen al arco de las guerras de proximidad entre potencias.

De hecho la discusión sobre Ucrania, en un potencial futuro,  ya no será el estatus de neutralidad, lo que incluye el que no podrá hacer parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte-Otan, o el reconocimiento de las regiones anexionadas por Moscú, como por la causa real del problema, que fue evitar que las relaciones comerciales entre Rusia y Europa Occidental se consolidaran, a través del comercio de gas por los gasoductos Nord Stream, que hacían  parte de la constelación de otros gasoductos y oleductos, y la provisión de otra diversidad de materias primas con origen en el país eslavo.

De hecho, lo que sucedió con la voladura de los gasoductos en el Báltico, es la evidencia del casus belli, que fue precisamente romper estos vínculos y trasladarlos al comercio de gas de esquisto estadounidense, y de otro lado, a efecto de los altos costos de la energía en Europa, como efecto colateral, provocar la desindustrialización de Europa, un proceso de recolonización estadounidense, y que ha puesto en marcha maniobras de sobrevivencia a los empresarios del Viejo Continente, mediante el traslado de factorías europeas a China, u otros países con los que se intenta estructurar una nueva cadena logística, de facto, bicéfala, que se mueve tanto en el horizonte de la perspectiva comercial de EEUU como de los BRICS 10.

Es previsible que una negociación de la guerra en Ucrania pase por China, como país garante de los acuerdos, del lado ruso, pero ello implicará el salto sobre la mesa del asunto relativo a la demanda de la libertad comercial que debe tener tanto Rusia como China, en los asuntos de negocios en Europa.

Pero, llegado hasta aquí, es evidente que EEUU hará reiterará la repulsa ya presentada y evolucionada a las armas, debido al papel que juega Europa en el apalancamiento del dólar, conocido que el euro es una moneda subsidiaria a este, por lo que en la práctica puede entenderse que la economía europea, está realmente monetizada en dólares, en consecuencia, que ello tendría serios efectos en el lugar que hoy ocupa la moneda emitida por Washington a escala  global.

El Senador de EEUU y líder de la mayoría demócrata Chuck Schumer, reconoce esta semana que, si no se aprueba el financiamiento militar a la guerra en Ucrania, en discusión ahora mismo en el Congreso, lo que puede suceder a futuro es que directamente tropas estadounidenses tengan que ser desplegadas en Europa, se diría, en la defensa de sus intereses estratégicos económicos y políticos.

Esto hace pensar que la guerra en Ucrania, continuará prolongándose, aunque lo nuevo es que Biden ha cosechado las presiones que en su momento hizo Trump a Europa, en el sentido de que tendrían que asumir los costos de la guerra en los entornos de Kiev, por la vía de un mayor incremento de la financiación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte-Otan, que ya ha sucedido con la reciente aprobación de cerca de 50 mil millones de euros para este oficio por parte de Bruselas,  e incluye que la zona euro realice el tránsito a una economía propiamente de guerra, considerando la aportación al desarrollo de una industria bélica, que capture parte de estos recursos, los que serán compartidos con la propia de los Estados Unidos.

Parece un nudo gordiano, sin embargo, no es muy diferente al que se presentó al final de la Segunda Guerra Mundial, donde las espadas entre los aliados Occidentales y la URSS, estaban visiblemente levantadas. La solución fue salomónica y tuvo que ver el establecimiento de esferas de influencia y la división de Alemania.

Hoy lo puede ser, seguramente cuando pase bastante agua bajo el puente, el que se establezca la compartición equilibrada del comercio y los negocios entre EEUU y los BRICS 10, con Europa.

Claro, si se sobrevive a la tentación de una guerra total…y ya se sabe, lo que eso significa.

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