La batalla por el petróleo es la batalla por la
supervivencia de las superpotencias, un fenómeno que apenas flaqueó por algunos
días durante las semanas más agudas de la pandemia.
Aún con las personas encerradas en las casas, el flujo de petróleo tuvo que mantenerse para la movilización de la logística del abastecimiento de las ciudades, y para la producción de todo tipo de insumos con base en derivados del petróleo, entre otros, los plásticos o los fertilizantes.
En la gráfica anexa, por ello, apenas se afecta la producción de petróleo de países como Estados Unidos, la Federación rusa, Noruega o Arabia Saudita.
De recordar, que Estados Unidos ha logrado sobre llevar el cenit del petróleo convencional de sus pozos, mediante la producción de petróleo no convencional, a través de la adopción del fracking, que cobró importancia visiblemente, desde el año 2012, por lo que ha disminuido de manera sensible, los requerimientos de importaciones de crudo. De esta forma, mientras entre 1981 y 1997, el promedio de sus importaciones surcó los 4 millones de barriles día, en 2022, esta cifra llegó a 1,4 millones de barriles día.
De otra parte, los otros dos colosos de la producción de petróleo del mundo, como Arabia Saudita y la Federación rusa, productores de petróleo convencional, están en proceso de recuperación de las tendencias de producción que sobrevienen a la prepandemia, y esto pese a la reducción o cuotas disminuidas de producción, que voluntariamente y cooperadamente dichos países han adoptado en el marco de la Organización de Países Productores de Petróleo-OPEP., y con lo que buscan evitar excesos de suministros y un precio sustentable del recurso.
La economía del petróleo de Rusia y Arabia Saudita, tiene particularidades. Previo al derrumbe de la Unión Soviética, las perspectivas petroleras de Arabia Saudita, en particular, del incremento de las exportaciones de crudo, cimentaron la caída de los precios internacionales de petróleo, lo que agudizó la crisis económica soviética. En la era unipolar, luego del 1990, paulatinamente la Federación rusa recuperó su producción de crudo, y ya a comienzos del siglo XXI, se convirtió en competidor directo de suministros petroleros a escala global de Riad.
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