En la segunda mitad del Siglo XX, Estados Unidos logró contrarrestar
eventos excepcionales, como el impacto económico derivado de la Guerra de
Vietnam y el bloqueo petrolero llevado a cabo por la Organización de Países
Productores de Petróleo-OPEP, tras el apoyo que EEUU prestó a Israel en la
Guerra del Yom Kipur, que disparó los precios del crudo hasta los 100 dólares
en 1976, mediante la declaración del fin del patrón oro por parte del
presidente Nixon, en 1971, y posteriormente, con la emisión de dólares apoyada
en una considerable alza de las tasas de interés, todo soportado en la
“confianza” que proyectaba un capitalismo que copaba el mundo al margen de la
Cortina de Hierro.
(Del caso es recordar el papel que jugó
la guerra entre Irán e Iraq, y las sucesivas guerras en el Golfo Pérsico que
sobrevienen al año 1980, respecto del acceso a recursos petroleros de Oriente
Medio por parte de Estados Unidos, y la constitutiva irrelevancia de la OPEP,
en medio de ello)
Pero el efecto de las emisiones de
dinero llegó a mediados de la década de 1970, con una inflación persistente y
al alza, que solo pudo ser contrarrestada con la deslocalización industrial a
China, bajo el paraguas de los desarrollos de servicios públicos, materias
primas baratas y en la abundante, y poco costosa mano de obra del gigante
asiático. China dio la bienvenida con la modulación de su sistema político, un
proceso que tomo su propia denominación décadas después en el “un país dos
sistemas”.
Sin duda, la deslocalización industrial
a China, ha representado un factor esencial para la estabilidad de la economía
de Estados Unidos después de 1981, logrando contener el mayor impacto de otros
brotes inflacionarios producidos en medio de la crisis de la deuda de los
estados federados, los países en desarrollo, o las burbujas financieras de
diversos tipos. Ello incluye, la mitigación del impacto de los altos
precios de las materias primas y del petróleo, visible a finales de la primera
década del siglo en curso. En este sentido, vale subrayar que el fracking en
América del Norte, permitió la superación de la histórica dependencia de
importaciones de combustibles fósiles a Washington, y protegió, a su vez, dicho
país de un mayor choque económico, provocado por el alza del crudo ya en
predios de la crisis financiera de 2007.
Todo esto para decir, que la OPEP está devuelta, luego de que las empresas estadounidenses dedicadas al fracking en su mayoría quebraran durante la pandemia, y cuales serán los efectos sistémicos del proceso de desacople que encabezan los BRICs de la economía gestionada a través del dólar, para Estados Unidos y finalmente para Occidente.
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