El globalismo centrado en la economía del mercado financiero y en el que los estados adquirieron como función principal su desarrollo, tuvo en el neoliberalismo su referente orientador en donde la flexibilización laboral juega un papel sensible, aspecto que por décadas se ha extendido como espuma por el mundo y que ahora traduce una verdadera batalla por los puestos de trabajo precarios en los propios países centrales, un fenómeno que no ha hecho más que alentar las tendencias anti-inmigración y desglobalizadoras, esto por que los partidos nacionalistas muestran con dedo acusador la responsabilidad de políticas de integración comercial y económicas de carácter internacional, como responsables de las crisis locales relacionadas con el desempleo, devaluación monetaria, restricciones a las ayudas sociales y empresariales.
En la más reciente intervención del presidente
de Francia, Emmanuel Macron, en la Asamblea de Naciones Unidas, el premier galo
habló de como la “democracia” de Europa está en riesgo, un axioma al que le
falta como reconocimiento el que la alternancia en el poder de los partidos pro establecimiento está en crisis, lo que terminó por hacer perder el norte a la
reforma política centrada en el beneficio del ciudadano. El Brexit, la pandemia
y ahora la guerra de Ucrania, no ha hecho más que incrementar la presión
económica sobre la sociedad facilitando la emergencia de partidos políticos antisistema,
y eso puede incluir escenarios heterodoxos tanto de visiones de extrema
izquierda como de extrema derecha.
En este vórtice es que hay que entender el
repunte que el Frente Nacional ha efectuado en las más recientes elecciones
parlamentarias en Francia, algo semejante que sucedió la pasada semana en
Suecia y lo que está a punto de suceder en Italia.
En nuestro
historial de publicaciones un recomendado para ampliar la perspectiva.
