2022/09/13


1972 fue el año en que, conocida la vastedad del planeta tierra, se compiló suficiente información para establecer el comportamiento de las comunidades humanas en su relación con la naturaleza, y que respecto de la explotación de recursos  tiene una forma exponencial. Esto permitió proyectar las reservas de diversos recursos naturales, su previsible agotamiento, de acuerdo a los niveles de explotación demandados por una economía concebida esencialmente en expansión, y soportada en una demografía al alza. Por demás, abordó, consecuente con lo anterior, los impactos ambientales derivados, en recursos esenciales como el agua y trazó las primeras líneas de lo que fuera el fenómeno del cambio climático, desarrollado en sucesivas actualizaciones del informe sobre “los límites del crecimiento”.

Las previsiones, con algunos ajustes temporales poco sustanciales y que se han venido perfeccionado conforme avanza la tecnología del proceso de información, desafortunadamente, grosso modo, se han venido cumpliendo.

Pese a ello, el mundo de nuevo reitera su apuesta por embarcarse en una nueva revolución tecnológica, definida como de carácter “limpio”, pero que como históricamente ha sucedido, repite en cadenas de explotación de recursos naturales en fuerte degradación como el agua dulce. Las “energías limpias”, relacionadas con la electrificación del transporte, se presentan conforme se establecen nuevos usos industriales a los elementos conocidos o por el descubrimiento de nuevos materiales alojados en el suelo.

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