En poco más de una década Rusia paso de ser
socio a amenaza de la Organización del Tratado del Atlántico Norte-OTAN, periodo
que habla de tiempos para que se hagan bien evidentes las capas tectónicas de
la geopolítica, en donde de lo dubitativo se pasa a la desconfianza y de esta
al posicionamiento de las piezas del ajedrez de la guerra.
Mostrar músculo en capacidad militar, económica
o política vendido como mecanismo de disuasión de la guerra, nuevamente ha sido
el camino para desatar un conflicto armado que ya tiene una duración de algo
más de 5 meses, que desnuda la crisis de
los cimientos de hegemonía occidental en el mundo y en el que emergen “contrapartes”
como el caso de los BRICS(Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).
Los BRICS y su proyección económica en el mundo, encabezada por China, explican
en buena parte lo anodino de las sanciones que occidente impone a Rusia debido
a la intervención en Ucrania, que es vista por los países de los BRICS como
consecuencia del asedio occidental a Moscú, un modelo que temen sea impuesto a
cada una de las potencias emergentes que adversen la ya rengueante hegemonía
que tiene epicentro en los Estados Unidos.
Pero la respuesta de EEUU no se ha hecho esperar, escalando de las sutilezas de las declaraciones contra China y sobre violación de los derechos humanos, un gesto que busca que el Imperio del Centro deje caer a Rusia, a dar vuelta a la tuerca de la tensión en torno a Taiwan que en progresión pasó de la venta de armamento a la isla, a la reciente visita de Estado de la presidenta de la cámara de representantes de la Unión Americana, Nancy Pelosi, la mayor representación en visita a Taiwan de un dignatario estadounidense en 25 años.
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