El precio del petróleo es un
determinante del comportamiento de la economía y cada uno de los más recientes
picos en los precios ha sido atendido con herramientas más o menos heterodoxas.La crisis financiera debida al estallido de la burbuja inmobiliaria de los Estados Unidos en 2006 destacó por convertir en refugio de las inversiones en petróleo hasta elevar los precios del barril, ya en 2008, hasta los 145 dólares. La crisis inmobiliaria representó la quiebra de las sociedades hipotecarias más grandes del mundo, Freddie Mac y Fannie Mac y del banco de crédito de soporte Lehman Brothers, con un contagio que impactó las principales economías del globo. La respuesta fue la inyección de liquidez o impresión masiva de dinero por parte de los principales bancos centrales.
Por su parte, la guerra de Siria, un reencuentro visible en la escena de la guerra de EEUU y Rusia desde el fin de la URSS sumado a la postre con la I guerra de Ucrania de 2014, hizo inflar de nuevo los precios del crudo, pero que fue contenido en gran parte por la implementación de la tecnología del fracking en EEUU, lo que llevo a un incremento importante de la producción de petróleo no convencional, la reducción de las importaciones de crudo a la Unión Americana y finalmente a la caída de los precios del oro negro.
Ahora bien, hoy estamos en una nueva cresta de precios derivada de la II guerra de Ucrania, como continuidad de la primera, pero donde los compromisos tanto de EEUU como de Rusia tocan nuevos niveles en el orden del tipo de tecnologías y armamento militar involucrado, así como por momentos la extensión de la guerra al propio suelo ruso. La guerra se desenvuelve a su vez, en los componentes financiero, comercio de bienes y servicios y comunicaciones, presentadas como una serie de medidas que en semanas se tornan cada vez más acentuadas, al punto que ya impactan el orden global.
Estamos pues al frente de dos púgiles, un EEUU que enfrenta la escasez de recursos naturales, especialmente los fósiles en el mundo, con empresas del fracking quebradas consecuencia de la paralización que por meses abatió al mundo en los inicios de la pandemia, con una banca central que ha vuelto insostenible el alargamiento de la emisión de moneda debido a la explosión de la inflación y, con una guerra, por lo pronto subsidiaria en la que no arriesga su ejército, pero en la que se juega una debilitada reputación como potencia en medio de recientes reveses militares y del ascenso económico de China, mientras Rusia, finalmente se juega su existencia lo que conduce a un importante riesgo si se recuerda el poder nuclear que posee.
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