2025/04/06

Esta semana y desde el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, en un evento denominado “día de la liberación”, Estados Unidos eliminó de facto los a-cuerdos comerciales con casi todos los países del mundo, comercialmente hablando (184 países).

“Acuerdos” porque lo cierto es que las reglamentación de los documentos firmados se presentaron en el contexto del auge fabril estadounidense(vale la pena remarcarlo constantemente), que progresivamente se consolidó a la postre de la Segunda Guerra Mundial y donde lo importante era la “apertura económica”  que permitiera la penetración de la producción de las compañías de Wall Street, la monetarización en dólares impresos por Washington del comercio internacional(una yunta que se completa con el Swift) y la absorción de riqueza a costa del declive de la remuneración por el trabajo(que llamarían informal, trabajo "autónomo") país a país y con lo que se cimentó la era de la hegemonía occidental con eje en Estados Unidos.

Esta historia permitió ver como las empresas estadounidenses tuvieran un valor en bolsa, comparativamente superior al producto interior bruto de los estados donde implementaron las medidas globalizadoras, que entre otros, cruzó por acuerdos con élites domésticas de los países, donde se protegía sus posesiones económicas o se les reservaba un espectro que permitiera su preservación política mientras con el concurso de partidos tradicionales como expresión de los mismos, se aprobaban mansamente los a-cuerdos respectivos en los parlamentos nacionales.

Ahora bien, este ciclo ha dado un giro de 180 grados y como también se ha mencionado en otras columnas, con la forma en la que Estados Unidos decidió desde finales del siglo XX enfrentar la realidad  de que Beijing se convertía en importante comprador de su deuda  exterior, por lo que permitió el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001 con el fin de que sus superávits no se dedicaran solo a compras de bonos estadounidenses y se diversificaran en inversiones a lo largo y ancho del mundo.

Fue ganar un poco de tiempo, lo demás lo hizo un Wall Street que optó por la riqueza con el menor esfuerzo que otorgaba la impresión de la divisa verde cediendo el orden factoril a Beijing, un proceso que consolidó la posición industrial, tecnológica y comercial de China en el orbe durante el siglo en curso, que entrega un poder excepcional al yuan y que el imperio del centro utiliza para apalancar mercados y monedas nacionales de los BRICS+, así como de otras naciones que se vinculan a tendencias relacionadas con la diversificación de sus mercados.

Wall Street, por su parte, impone aranceles generalizados al mundo, lo que denominan rentabilizar su posición no como país productor, si no por ser el poseedor de la divisa comercial aún más importante del orbe y con lo que apalanca el hecho de ser el mayor país consumidor del planeta: 3 veces el consumo de China, 5 veces el consumo de Japón, 7 veces el consumo de Alemania, y en lo que soporta la exótica idea de que “ellos nos necesitan más a nosotros que nosotros a ellos” como lo reitera frecuentemente Trump.

Lo anterior exhibe lo irracional del modelo capitalista: EEUU con 350 millones de habitantes consume 3 veces lo de China con 1400 millones de almas.

Ahora, todo iba bien mientras emitir montañas de dólares era la forma explicita de tener las élites más poderosas del mundo durante 80 años, pero lo que cambia con la emergencia fabril de China, que vuelve la riqueza de las emisiones en un pasivo económico descomunal, y que ahora Washington pretende trasladar al resto del mundo por la vía de los aranceles.

Por su puesto, el mismo problema de las emisiones explica porque Estados Unidos tiene exorbitantes deudas con Japón con 1140 "billones" de dólares, China 798, Reino Unido con 702, Luxemburgo con 348 e Islas Caimán con 327.

*Vale lo de Islas Caimán o Luxemburgo para pensar en cómo los dineros del bajo mundo son un acicate esencial de EEUU y por supuesto, representa y defiende este tipo de intereses.

La pregunta que hay que hacerse a esta altura para una veintena de potencias que son los propietarios de la deuda estadounidense, es si la perdida la confianza con la ruptura unilateral de acuerdos comerciales a escala global tras la cascada de aranceles, todavía les hace pensar en la redención de sus facturas de pago.

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