Hoy parece inverosímil sostener la necesaria
implementación del comunismo y la lucha de clases, sin embargo, ambas concepciones
tienen como antesala la primera y segunda guerra mundial, la destrucción de
Europa Oriental, ciudades en la costa norte de Europa Occidental, Inglaterra,
Italia, Norte de África, Alemania, Japón, China, la Península de Corea, Sudeste
Asiático. La batalla a muerte también se libró en alta mar en los alrededores
del Reino Unido, la costa atlántica de Estados Unidos alrededor de Nueva York, Golfo
de Mexico y la Florida, el Mar Caribe(En general, las Antillas, el mar en torno a Golfo de Urabá) y, aunque más excepcionales, las batallas
navales en los alrededores del mar atlántico en torno a las principales
ciudades de Brasil, Uruguay y Argentina.
Fueron decenas de millones de muertos, una masacre generalizada que se encumbra con el uso de la bomba atómica sobre dos ciudades en Japón.
Esta realidad encontró en las disputas intercapitalistas el origen y explicación de tal apocalipsis por lo que cobraba importancia “crear” un nuevo modelo económico y político que evitara que ello se volviese a presentar y que tienen que ver con un modelo económico que saliera al paso al obligatorio fenómeno expansivo, depredador e imperialista del capitalismo, aunque primitivo si se le compara con el actual, igualmente dependiente de constantes expansiones geoeconómicas, y explica el auge del marxismo como doctrina para la comprensión del fenómeno como del modelo socialista como alternativa social.
El análisis marxista no se quedaba en la predicción de la guerra que orientaba a la larga el capitalismo ligado al mercantilismo, hoy globalización y que gira en torno al quehacer de Wall Street(con tránsito en dirección a Beijing), si no que abordaba las relaciones sociales básicas que se desplegaban en medio de las crisis de sobreproducción y de tasa de ganancia, es decir, reconocía la progresiva desposesión a la que estaban sometidas las familias, trabajadores(formales e informales), que derivaba en la mixtura entre la mordaz competencia entre las gentes, definida en el “hombre lobo del hombre” y en levantamientos populares al interior de los países, los estallidos sociales de la época, y las estrategias de las élites para desviar esta fuerza de cambio interior, en guerras de carácter internacional.
Ha pasado agua bajo el puente desde la Segunda Guerra Mundial y las generaciones que la vivieron igual que su historia contada ha desaparecido y a cambio tenemos el relato de hazañas y de las aventuras donde se imponen los occidentales en todo caso, militarmente o por sus obras humanitarias, obviando cualquier cosa que de sentido a la memoria de lo acontecido(lo que incluye invisibilizar los monumentos conmemoratorios que plagan Europa en este sentido, con masacres o batallas con miles de muertos, y ya más recientemente la destrucción física de los mismos), en los enlatados de Hollywood hoy Netflix.
El efecto es lo esperable, es decir, lo que sucede cuando paulatinamente con la degeneración paulatina en la membrana de los ojos, que hace que se pierda la visión y como efecto, no exista memoria y parezca imposible que algo como el apocalipsis vivido pueda repetirse.
Hoy ya estamos en que Occidente ha mostrado a Ucrania un mapa de objetivos de ataque “en lo profundo de Rusia” y Rusia, como es de esperarse, ha hecho lo mismo con la presentación de centros militares en Europa Occidental y el mismo Estados Unidos. La guerra se extiende a Oriente Medio, que involucra Yemen, Israel, Irán, Iraq, Siria(esta semana con la reactivación del choque entre fuerzas de Estados Unidos y el Estado Islámico contra el ejército Sirio que operan con Rusia e Irán en su segunda ciudad, Alepo) o Líbano, algo que ya tiene su propia masacre por parte de Tel Aviv en Palestina.
Entre tanto, la guerra en Ucrania, como se ha recordado tiende a extenderse al resto de Europa Occidental y el mismo Estados Unidos. Como se sabe, la guerra global, que involucraría directamente ataques al suelo de las potencias occidentales, en nuestros tiempos no será aquella de los grandes desembarcos que se presentaron en la segunda guerra, debido a que por entonces no estaba a punto el nivel destructivo que tienen los misiles en la actualidad, ni que pensar si tienen cabezales atómicos.
Quizás si la sociedad actual tuviere la memoria de aquellos que vivieron la Segunda Guerra, preferirían entregar todas sus posesiones, el comunismo, o un estado que ponga en cintura el poder protoempresarial capitalista, el socialismo, a cambio de evitar repetir la historia del holocausto vivido.
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