Desconocer la historia de la tierra donde la combinación
atómica de minerales de diversos tipos y el agua crean la vida biológica, vegetal
y animal incluyendo la especie humana, el desarrollo de sus particularidades étnicas
y culturales, es lo que ha cimentado creencias sobre la superioridad de humanos
unos contra otros, o de estos respecto de la forma de establecer la relación con
la naturaleza.
Las diferencias en los rasgos faciales, los biotipos o sus formas físicas, la religión (sistema de creencias), ha apalancado por siglos la guerra y la dominación de unas culturas sobre otras, sobre lo diferente que se considera inferior, no comprensible en su idioma, su escritura, sus costumbres, su particular desarrollo tecnológico o relacionamiento con la naturaleza.
La diversidad pues, el conocer, reconocer y aprender entre los diferente, enriquecerse a través del intercambio cultural, no es la característica de las relaciones sociales en el mundo, si no lo opuesto. El intento de dominación mutua se observa desde la antigüedad en la Grecia del politeísmo, los dioses con forma humana o antropomorfismo, y los Persas, del zoroastrismo, el culto a los antepasados y a los animales.
Sucede en la
historia de “la era de los descubrimientos” del Viejo Continente donde la
imposición del cristianismo fue el arsenal ideológico con el que se doblegaron
mediante la violencia las culturas de África, Oriente Medio, India o la misma
China. De hecho, se les esclavizaron.
Parece una historia de antepasados, pero tiene todo que ver con el móvil religioso que sustenta la acción violenta de dominación por parte de Israel en la actualidad contra sus congéneres en Palestina, Líbano o ahora mismo, Siria.
También se extiende a la perspectiva de
supremacía que demanda el mismo Estados Unidos sobre los pueblos de América
Latina u otras regiones del mundo como China, entre otras cosas.
La caída de Assad en Siria de la pasada semana, tiene en el choque entre el islam secular, y la cultura regida por el islam conservador de Hayat Thrir al Sham-HTC el acicate de la guerra civil que sobreviene en este país desde el año 2011(por hablar del choque más reciente), que se acentuará en la actual situación, y que se extiende a lo que sucederá con drusos (con una religión que fusiona gnosticismo, cristianismo, zoroastrismo, budismo, hinduismo, platonismo o pitagorismo), cristianos o kurdos.
No hay duda que las guerras del mundo regidas por el sistema de creencias (se da por sentado por lo conductual que logra la repetición de rituales y de los sistemas relacionales que impone cada culto o cultura), se ha mezclado ya ahora con el prevalente interés del orden económico y político.
A América llegaron los europeos a eliminar a aquellos que por no profesar el cristianismo no tenían alma, no iban al cielo y eran seres inferiores, desconociendo sus desarrollos culturales, sociales, técnicos, científicos y religiosos propios. Como decir, que porque el mandarín tenga 2000 caracteres son inferiores debido a que el alfabeto occidental posee alrededor de 30, lo que haría pensar que es una torre de babel improductiva pero lo que contradice los desarrollos en todo orden que han obtenido los chinos.
Sucede con la forma con la que buena parte de las habitantes de las urbes colombianas observan a las culturas nacionales indígenas, campesinos o los afros en el país.
Sucede con el como desconocemos las “infinitas” e "infinitesimales" interacciones que la naturaleza ha realizado sobre si misma por centenares de millones de años, solo considerando lo que se conoce de la constitución del planeta tierra, historia de la que los humanos hacemos parte en apenas algunos miles de años -son más antiguas de hecho las plantas-, abrevando un nivel de perfección a ojos de quien desee explorar la llama de una vela, como dice Gaston Bachelard.
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