El pasado septiembre The Guardian daba a
conocer que Reino Unido alcanzaba una deuda del 100% del PIB resaltando que “es
el nivel más alto desde los años sesenta”.
El primer ministro Starmer, perteneciente al laborismo y en el cargo desde el pasado julio luego de los tumultuosos gobiernos de más de una década de los conservadores enfrenta no solo la realidad de un Londres a techo con el endeudamiento si no con proyecciones de crecimiento calamitosas, como las de toda Europa Occidental, y que oscilan en torno al 1% en 2024 mientras los BRICS + proyectan cifras en torno 4%.
Sin duda, la realidad del resultado del Brexit, es decir, echar por la borda unilateralmente la construcción del comercio configurado por décadas en el neoliberalismo y a la postre la globalización, no parece encontrar la redención económica para Londres.
Los conservadores vendieron a los ciudadanos que los magros resultados económicos estaban ligados a las excesivas regulaciones al mercado por pertenecer a la Unión Europea. Por su puesto, la seguridad jugó su propio papel, cuando el partido del Brexit dispuso como responsables de los problemas en las calles exclusivamente a las gentes de color.
Tras cerca de 4 años de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, lo único que trajo para los conservadores en su empresa libertaria para los mercados fue su propio declive. Al parecer los británicos olvidaron lo hallado por uno de los padres de la geopolítica y paradójicamente nacido en su propia tierra, Halford Mackinder y es que el mundo cambia cuando Eurasia se constituye como bloque económico.
Los conservadores pro-brexit se quedaron esperando los desarrollos económicos empujados allende el Atlántico pero lo único que trajo EEUU fue la guerra en Europa.
Starmer como buena parte de los mandatarios de Europa Occidental hicieron su apuesta por Harris en las más recientes elecciones en EEUU y esperan la cuenta de cobro proveniente del trumpismo y juega a las “unas de cal y otras de arena”: por un lado, con EEUU ha liberado el uso de sus misiles entregados a Ucrania y operados por la Otan* para que puedan ser utilizados “en la profundidad” del estado ruso.
Por el
otro, Starmer en las reuniones del G20, que se llevan actualmente en Brasil, reconoce
“su deseo de construir una relación pragmática con China, que esté arraigada en
los intereses nacionales del Reino Unido”,
una dicotomía que se entiende cuando se recuerda que la libra como el euro,
dependen estrechamente de lo que suceda con el dólar y este de como evolucione
la economía de los BRICS plus (hay que reiterar que el bloque euroasiático actualmente
tiene un camino despejado en el ámbito de la producción y el comercio).
Mackinder en su artículo titulado The Geographical Pivot of History reconocía que Europa nació como contraste a la cultura y poder Euroasiático que otorga pertenecer a la isla mundial, con conexiones expeditas de carácter terrestre y por lo inconmensurable de sus territorios para ser invadidos.
Mackinder también reconoce el papel fundamental que los
eslavos rusos han jugado en la contención del ingreso político, económico y
militar de los asiáticos en Europa, entre otros porque el Viejo Continente tiene
de común con Moscú el ser hijos de la cultura romana, el primero, mientras el
segundo lo es de la cultura griega, algo que los juegos de guerra occidentales
perdieron de vista y ahora el giro de la geopolítica internacional se da por
cuenta de la excepcional, si de historia se trata, alianza sino rusa.
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*The Guardian y Sky News han relativizado las primeras informaciones sobre el permiso de Downing Street del uso de misiles franco británicos Storm Shadow(sombra de tormenta) de media tonelada de carga útil en la profundidad de Rusia y lo que se une a las declaraciones del canciller Scholz de Alemania sobre los misiles Taurus.


