
La
enfermedad de la inflación, en la economía, ha acompañado la historia de la
humanidad con antecedentes en Asia Menor, antes de cristo, o desde la misma Roma. Es decir, desde conocida la moneda como
sustituto del trueque.
El
trueque cifraba la regulación directa de los intercambios, en cada persona que
lo llevaba a cabo, mientras la aparición de la moneda, la cedió a un
tercero, la banca central o el Estado.
Pareciera
difícil verificar el valor de cambio de una moneda debido a lo remoto y
abstracto del respaldo que hace la banca central o el Estado, en las emisiones.
Sin embargo, el exceso de emisiones precipita cíclicamente las economías en
todos los tiempos.
La enfermedad de la inflación, es el gesto más
evidente del desequilibrio entre circulante y el valor de bienes y servicios,
por lo que la forma de buscar un nuevo balance es la destrucción del exceso de
circulante, por medio de la inflación, que en momentos de destrucción
descontrolada, deriva en crisis total del sistema económico, y finalmente
social. 1929, es lo más documentado.
La
paralización fue total, sobreviviendo el intercambio primigenio basado en las
claves del más antiguo trueque, que retornaba de nuevo la validación del valor
de cambio a cada persona que lo realizaba. Era la estanflación: una economía
que perdió la agilidad que otorgaba la moneda, y por esto mismo, con un
crecimiento estancado. Agotados los excedentes de impresos y debido a su escasez,
la moneda de nuevo recuperó la confianza en su uso, y por sobre todo debido a los pactos de la sociedad en torno al Estado, ante el túnel oscuro que representaba lo desolador de la destrucción de factorías,
empleos, ahorros y vidas de familias.
Sucede
con la moneda, y en consecuencia con cualquier mecanismo subsidiario que representa
un intercambio de un bien o servicio como acciones o bonos, por ejemplo.
Por
su parte, la inflación descontrolada, hizo lo mismo con los papeles impresos y
adoptados por las personas, a través de la bolsa, que pertenecían a las
empresas e industrias, es decir, al sector, propiamente privado. De hecho, el mercado gestionado por privados,
sin regulación alguna, terminó por convertirse en una pirámide, es decir, vender
acciones ficticias, si se considera el valor real de los bienes y servicios que
representan.
El
precipicio llega cuando los rendimientos no logran cubrir las deudas de los
inversionistas, y basta una chispa para que en medio de un desajuste, entre lo emitido y el valor de bienes y servicios producidos y
existentes, para que se incendie la llanura.
Debe
tenerse en cuenta que el mayor volumen de una divisa impresa en la historia de
la humanidad, precisamente se vive hoy, con el dólar.
Keynesianismo,
neoliberalismo o globalización, son momentos en el proceso de consolidación de
la economía como la conocemos.
EEUU ha logrado salir al paso al derrumbe como el sucedido en 1929, con inflación, en 1937, y con la ampliación de mercados y bienes y servicios, soportados en la destrucción y luego construcción que se produce con la segunda guerra mundial, el fin del patrón oro, y la progresiva monetización del dólar en el mundo. El billete verde monetariza economías de países, una a una, cuando la economía de EEUU se va consolidando como factoría global y luego mediante el financierismo moderno.
Este
mismo fenómeno es el que está conduciendo a la crisis de la moneda
estadounidense, debido a que otras potencias, con monedas al margen del dólar,
en especial el yuan, consolidan su proyección económica.
Y eso significa, que mercados ya monetizados en dólares, resultan reemplazados por el comercio basado en yuanes u otras monedas locales (rupias, rublos, won sur coreano…etc), lo que deriva en dólares que deben ser constantemente encajados por la reserva federal, o de otra forma, los excedentes provocan inflación en las economías que giran en torno a la moneda estadounidense, en cualquier lugar del mundo.
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