El alcohol, ese que se expende en cada calle de
Colombia, en 1929, en EEUU, estaba ilegalizado. Los carteles que
comercializaban cerveza y whisky, “a la sombra”, como hoy se comercializa la droga en
las calles de Colombia, tenía en la nómina a jueces, políticos y policías.
De hecho, los políticos, como ahora, gobernaban
con el producto del negocio, mientras se hacían los de la vista gorda, y el
gobierno simulaba la persecución contra los criminales.
Cada gran ciudad de EEUU, tenia su propio capo,
desde Al Capone en Chicago a Arnold Rothstein en Nueva York.
En 1933, los demócratas con Roosevelt,
derrotaron los republicanos, con la bandera de legalización del alcohol, lo que
incluía permisos de comercialización y producción, cadena que fue dispuesta
para la obtención de impuestos, con lo que la economía estadounidense obtuvo recursos
importantes para la recuperación económica del país, en medio de los efectos de
la crisis bursátil de 1929, y ya, la Gran Depresión.
La solución, a su vez, permitió al Estado recuperar legitimidad interior, en medio del New Deal, y a la postre, el desarrollo de una fuerza de producción, con la que encarar el desafío de convertirse en la factoría global, para la Segunda Guerra Mundial.
Recordar que hoy, no es para nada comparable,
el impacto del consumo de Fentanilo, que es 100 veces superior, en muertes, por
ejemplo, respecto de los fallecimientos asociados, al consumo de cocaína.


