La pandemia, ha acelerado la crisis de un
conjunto de factores de carácter sistémico, que obligan a un replanteamiento
del modelo globalizador y neoliberal, so pena de ver abrumados sociedades y estados.
El comercio y la economía mundial, moderados
por la hegemonía estadounidense, la división del trabajo gestionada por Washington, en el orbe, se ha roto y el efecto se mide por la persistente
alta volatilidad de los mercados financieros internacionales, centralidad real del sistema capitalista,
como hoy le conocemos y, promete como
una gran presa rota, un deslave de consecuencias inestimables para el mundo,
debido a que se ha denegado la opción de un aterrizaje suave como transición a
una nueva escena en los roles que juegan potencias emergentes y en declive, optándose por la
perspectiva de la crispación geopolítica y la progresividad del conflicto
armado.
Los países, pasan de ser parte de un eslabón de
la economía globalizada, donde los flujos de bienes, servicios y recursos financieros, fluían bidireccionalmente, como por el resto del sistema, a encontrarse paulatinamente aislados, en todos estos factores.
Ante este riesgo sistémico, la alternativa es migrar
de la dependencia de los esquemas propios de la globalización, a modelos progresivamente soberanistas de producción y consumo, local y regional, esto último, si se piensa en comunidades
de países cercanos geográficamente.
Sin duda, el atraso tecnológico y productivo es el gran rezago acumulado por décadas, por superar, y demanda un viraje que coloca en el centro, la recuperación de una fuerza laboral productiva, que puesta en marcha, mitigue la realidad de la escasez de bienes tradicionalmente importados, como contrapartida, al eje neoliberal, soportado en el sector servicios, lo que demandará excepcionales recursos financieros, y pasa por la rúbrica de un nuevo pacto social, que salga al paso a la inestabilidad política, que trae la crisis de la globalización.
Y en esto, las modificaciones de la geopolítica pueden verse como palanca que facilite la reindustrialización. Sin duda, la transición es difusa en este momento, pero es notable el movimiento de las cartas, debido al avance sobre todo en las últimas dos décadas, del comercio e inversiones de China en Latinoamérica, y por sobre todo de la formalización de negocios estado a estado con la potencia asiática.
De estos factores, del avance de China y la presencia de EEUU en la región, se desprenden las velocidades que se observan en las mezclas occidente-oriente, de los procesos que llevan los países latinoamericanos, cada quien según su posibilidad y determinación. Por eso contrasta el juego Argentina-Brasil, con el de Mexico. Venezuela, debido al bloqueo occidental, y Perú como Bolivia, inmersos en un escenario diferente, debido a que están adelantados en acuerdos con China, desde años atrás, si se piensa en lo que sucede ahora mismo.
Colombia, moviéndose en la heterodoxia de occidente, con EEUU y Europa Occidental, mientras evita caer en las determinaciones abiertas de Argentina o Brasil, si se piensa en los BRICS.


