Europa como EEUU, han visto cerrar el grifo
de emisión de divisas con lo que diferían al resto del sur global, los costos
de sus políticas sociales locales, y con lo que se contenían los estallidos que
divagan en la actualidad, como "el fantasma que recorre Europa". La impresión fácil de dinero del Banco Central
Europeo y de la Reserva Federal, fue posible, por décadas, por la inexistencia
de una moneda de referencia adicional, que infringiera costos inflacionarios a
las monedas occidentales, algo que ha cambiado con la emergencia de China y del
yuan.
La adicción a las emisiones
monetarias, ha reforzado sucesivos ciclos de desindustrialización, inhibido el
desarrollo tecnológico y ha atizado el incremento de las deudas de los estados
centrales en occidente.
Lo que si resulta consistente,
es la exaltación a la concentración de la riqueza, molida por el sector
financiero, artificialmente cebado con la expansión cuantitativa y con las
vueltas de tuerca del modelo neoliberal, con privatizaciones de empresas
estatales y flexibilización laboral.
Pocos imaginaban que los
paisajes desolados de las calles francesas en la pandemia, después
escenificaran la movilización de millones de manifestantes, fuertes choques con piquetes de policías, con
centenares de heridos y detenidos, como los vistos durante este primero de mayo, un cuadro del que los franceses, por décadas,
eran espectadores y que la tele transmitía desde el tercer mundo.


