
Las caracterización del Estado colombiano a partir de la valoración de factores como la garantía a la vida, la aplicación de la justicia, o, el monopolio del uso de la fuerza, colocan al país en la escena internacional en la categoría de Estado Fracasado.
El desplazamiento forzado es uno de los efectos típicos de los Estados donde el predominio de los derechos de las personas, se vuelven función de los requerimientos económicos, y políticos de grupos ilegales que se disputan el control de zonas rurales y urbanas de los países.
Colombia, es el segundo país en desplazados del mundo, después de Irak, y el departamento de Antioquia, ocupa igual lugar en la escena nacional, exhibiendo para el periodo 1995-2006 el desplazamiento de 313 mil personas, cifra cercana a la población del Municipio de Bello. Por su parte, en cuestión de la propiedad de las tierras, Antioquia, ocupa el primer lugar en cuanto al volumen de zonas agrícolas abandonadas forzadamente por los campesinos, según la Procuraduría General de la Nación, en los últimos cinco años. Medellín, capital del departamento, se localiza como la segunda ciudad destino de personas desplazadas, recibiendo entre 1999 y 2005, 95 mil personas, una cifra suficiente para poblar 12 veces el Barrio Prado, en la zona céntrica de la ciudad. De estas, el 85%, se rehúsan a pensar en el retorno, tendencia explicada, entre otros, consecuencia del trauma que generan las causas del desplazamiento, las perdidas materiales, y las condiciones de inseguridad que prevalecen en sus territorios origen.
Informes de la misión de verificación del proceso de paz con los paramilitares a cargo de la Organización de Estados Americanos(OEA), para el caso de los paramilitares, sumados a informes del Ministerio de Defensa Nacional, respecto a la presencia guerrillera, evidencian la proliferación de organizaciones armadas ilegales a lo largo del país. La peligrosidad en el hábitat rural por parte de comunidades campesinas, se hace mas complejo, conocido que Colombia es el primer país en minas antipersona activas, como respecto de los accidentes ocurridos tras la detonación de tales artefactos.
El año 2007, ha sido declarado el año de los derechos de las personas desplazadas, como medio para llamar la atención al Estado y la sociedad respecto a la gravedad y dimensiones de dicha problemática en Colombia. Con igual objeto se elaboran esta serie de informes sobre refugiados y desplazados por parte del Informativo Estrato Cero. En esta oportunidad, referenciamos el siguiente relato efectuado en medio del proceso de sensibilización para el retorno de personas desplazadas, que acompañó un@ de nuestr@s corresponsales, y que realiza Acción Social, en el oriente del departamento.
“Ya no vive nadie en ella,
y a la orilla del camino silencioso esta la casa,
se diría que sus puertas se cerraron para siempre,
se cerraron para siempre sus ventanas...”
Cuando pensamos en el tema del desplazamiento generalmente llegan imágenes a la cabeza, de casas vacías, tierras abandonadas, guerra...., y poco entendemos la realidad que estas personas padecen, pues son situaciones sólo comprensibles mediante la vivencia, en tanto son rupturas, duelos, miedos, rabias.
Hace tres meses se realizó una caravana como componente en el proceso de retorno de campesinos desplazados del Oriente Antioqueño, en el municipio de San Luis, auspiciado por la gobernación de Antioquia y la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados(ACNUR). El proceso pasa por la realización de un viaje a las veredas origen de las personas desplazadas. Fueron pocos los campesinos que decidieron transportarse aunque fuese temporalmente a ver sus casas, su tierrita. Resulta indeterminada la reacción de las personas al enfrentarse de nuevo a los fantasmas del recuerdo de la violencia, que les conmino al abandono de cuanto representa su trabajo familiar, logrado por generaciones de personas, y del dolor de revivir, los maltratos, los seres queridos ausentes, y las perdidas materiales. Sin embargo muchos tuvieron arrestos para observar la situación actual de sus territorios.
En medio del viaje, por momentos había dosis de alegría, expectativa, ilusión. Un grupo mediador, adscrito al programa de la gobernación, acompañaban con música, para hacer más llevadera la jornada. Al llegar a San Luis, la comunidad que aún reside allí, recibió la comitiva con agrado, y fue destellante el jubilo que se sentía consecuencia del reencuentro. Sin embargo cuando iniciamos la caminata hacia dos de las veredas, muchos rostros cambiaron. En el camino se observaban casas, en ruinas, afectadas por las inclemencias del tiempo, roídas por los bichos... sin vida, testimoniando el rigor de la guerra.
En medio de la caminata el grupo se dispersó, y se constituyeron varios subgrupos. En el que me encontraba también me acompañaban dos hermosas niñas, hermanas a su vez, nacidas en El Vergel (vereda del municipio). Su madre y sus abuelos, según me contaron, obligados por la violencia se desplazaron con destino la ciudad de Medellín, con la expectativa de encontrar un lugar que ofreciera la oportunidad de recomenzar, olvidando que el designio de los desplazados son los barrios pobres de la ciudad. Llegaron al barrio Moravia, zona de invasión, habitada por familias campesinas que como estos, en otro tiempo, fueron obligados a salir sus tierras por la violencia.
En la parte posterior del grupo, caminaban tres mujeres, una joven no mayor de 12 años y Estela, una mujer de 32, viuda y madre de una niña de 6 años, a quien llevaba sobre sus hombros. Con una de las mujeres adultas tome la delantera. De pronto avistamos una ruinosa casa, a la que mi acompañante se refirió diciendo: “Esta es la casa de Estela, aquí mataron a su esposo (señalando un pequeño matorral), como le irá a dar de duro verla...”. Unos segundos después apareció Estela, apenas si se detuvo. Salieron unas lágrimas de sus ojos, pero emprendió un acelerado paso, subiendo la montaña como si quisiera volar... no importando el peso de llevar a cuestas su pequeña hija.
Cuando llegamos al lugar de concentración, al final del recorrido, habían varias actividades culturales, Danzas, y música. La comunidad de nuevo cambio sus caras largas, por bellas y esperanzadoras sonrisas, como diciendo aquí estamos, y ni el rigor de la guerra nos quitara el derecho a continuar viviendo.
El desplazamiento forzado es uno de los efectos típicos de los Estados donde el predominio de los derechos de las personas, se vuelven función de los requerimientos económicos, y políticos de grupos ilegales que se disputan el control de zonas rurales y urbanas de los países.
Colombia, es el segundo país en desplazados del mundo, después de Irak, y el departamento de Antioquia, ocupa igual lugar en la escena nacional, exhibiendo para el periodo 1995-2006 el desplazamiento de 313 mil personas, cifra cercana a la población del Municipio de Bello. Por su parte, en cuestión de la propiedad de las tierras, Antioquia, ocupa el primer lugar en cuanto al volumen de zonas agrícolas abandonadas forzadamente por los campesinos, según la Procuraduría General de la Nación, en los últimos cinco años. Medellín, capital del departamento, se localiza como la segunda ciudad destino de personas desplazadas, recibiendo entre 1999 y 2005, 95 mil personas, una cifra suficiente para poblar 12 veces el Barrio Prado, en la zona céntrica de la ciudad. De estas, el 85%, se rehúsan a pensar en el retorno, tendencia explicada, entre otros, consecuencia del trauma que generan las causas del desplazamiento, las perdidas materiales, y las condiciones de inseguridad que prevalecen en sus territorios origen.
Informes de la misión de verificación del proceso de paz con los paramilitares a cargo de la Organización de Estados Americanos(OEA), para el caso de los paramilitares, sumados a informes del Ministerio de Defensa Nacional, respecto a la presencia guerrillera, evidencian la proliferación de organizaciones armadas ilegales a lo largo del país. La peligrosidad en el hábitat rural por parte de comunidades campesinas, se hace mas complejo, conocido que Colombia es el primer país en minas antipersona activas, como respecto de los accidentes ocurridos tras la detonación de tales artefactos.
El año 2007, ha sido declarado el año de los derechos de las personas desplazadas, como medio para llamar la atención al Estado y la sociedad respecto a la gravedad y dimensiones de dicha problemática en Colombia. Con igual objeto se elaboran esta serie de informes sobre refugiados y desplazados por parte del Informativo Estrato Cero. En esta oportunidad, referenciamos el siguiente relato efectuado en medio del proceso de sensibilización para el retorno de personas desplazadas, que acompañó un@ de nuestr@s corresponsales, y que realiza Acción Social, en el oriente del departamento.
“Ya no vive nadie en ella,
y a la orilla del camino silencioso esta la casa,
se diría que sus puertas se cerraron para siempre,
se cerraron para siempre sus ventanas...”
Cuando pensamos en el tema del desplazamiento generalmente llegan imágenes a la cabeza, de casas vacías, tierras abandonadas, guerra...., y poco entendemos la realidad que estas personas padecen, pues son situaciones sólo comprensibles mediante la vivencia, en tanto son rupturas, duelos, miedos, rabias.
Hace tres meses se realizó una caravana como componente en el proceso de retorno de campesinos desplazados del Oriente Antioqueño, en el municipio de San Luis, auspiciado por la gobernación de Antioquia y la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados(ACNUR). El proceso pasa por la realización de un viaje a las veredas origen de las personas desplazadas. Fueron pocos los campesinos que decidieron transportarse aunque fuese temporalmente a ver sus casas, su tierrita. Resulta indeterminada la reacción de las personas al enfrentarse de nuevo a los fantasmas del recuerdo de la violencia, que les conmino al abandono de cuanto representa su trabajo familiar, logrado por generaciones de personas, y del dolor de revivir, los maltratos, los seres queridos ausentes, y las perdidas materiales. Sin embargo muchos tuvieron arrestos para observar la situación actual de sus territorios.
En medio del viaje, por momentos había dosis de alegría, expectativa, ilusión. Un grupo mediador, adscrito al programa de la gobernación, acompañaban con música, para hacer más llevadera la jornada. Al llegar a San Luis, la comunidad que aún reside allí, recibió la comitiva con agrado, y fue destellante el jubilo que se sentía consecuencia del reencuentro. Sin embargo cuando iniciamos la caminata hacia dos de las veredas, muchos rostros cambiaron. En el camino se observaban casas, en ruinas, afectadas por las inclemencias del tiempo, roídas por los bichos... sin vida, testimoniando el rigor de la guerra.
En medio de la caminata el grupo se dispersó, y se constituyeron varios subgrupos. En el que me encontraba también me acompañaban dos hermosas niñas, hermanas a su vez, nacidas en El Vergel (vereda del municipio). Su madre y sus abuelos, según me contaron, obligados por la violencia se desplazaron con destino la ciudad de Medellín, con la expectativa de encontrar un lugar que ofreciera la oportunidad de recomenzar, olvidando que el designio de los desplazados son los barrios pobres de la ciudad. Llegaron al barrio Moravia, zona de invasión, habitada por familias campesinas que como estos, en otro tiempo, fueron obligados a salir sus tierras por la violencia.
En la parte posterior del grupo, caminaban tres mujeres, una joven no mayor de 12 años y Estela, una mujer de 32, viuda y madre de una niña de 6 años, a quien llevaba sobre sus hombros. Con una de las mujeres adultas tome la delantera. De pronto avistamos una ruinosa casa, a la que mi acompañante se refirió diciendo: “Esta es la casa de Estela, aquí mataron a su esposo (señalando un pequeño matorral), como le irá a dar de duro verla...”. Unos segundos después apareció Estela, apenas si se detuvo. Salieron unas lágrimas de sus ojos, pero emprendió un acelerado paso, subiendo la montaña como si quisiera volar... no importando el peso de llevar a cuestas su pequeña hija.
Cuando llegamos al lugar de concentración, al final del recorrido, habían varias actividades culturales, Danzas, y música. La comunidad de nuevo cambio sus caras largas, por bellas y esperanzadoras sonrisas, como diciendo aquí estamos, y ni el rigor de la guerra nos quitara el derecho a continuar viviendo.

