2026/06/27

 

Entre 1839 y 1960, se llevó a cabo una sistemática acción política como comercial por parte de Gran Bretaña(a la postre Francia y EEUU) para hundir el epicentro, por entonces del comercio mundial y que se extendía por las arterias de la Ruta de la Seda, el Beijing de la dinastía Qing.

Los chinos tenían una sociedad apegada a sus tradiciones manufactureras, con desarrollos técnicos que se amplificaban y que comercializaban con un Occidente soportado en lo que obtenían de la conquista colonial de la América, África, la India o Asia Occidental, pero una economía que conducía a que los metales preciosos y la riqueza que se obtenía de la conquista europea, terminaba a través del libre cambio y de productos chinos, en la capital del imperio del centro, Pekin.

La solución occidental fue lo que es denominado como Guerra de Opio, una forma criptica de ocultar la historia de como Occidente decidió doblegar a China incentivando sectores que adversaban la dinastía Qing, a través de estas fomentar la guerra interior y el consumo de opio por los chinos y que los británicos producían en la India, por entonces, bajo control de la citi de Londres, a través de su armada, es decir, la Compañía Británica de las Indias Orientales, una empresa privada que llegó incluso a emitir dinero y tener bajo su haber millones de almas como contabilidad en sus balances de activos.

Gran Bretaña consideró que el déficit comercial con la China Qing era un ataque a la propiedad privada y al libre comercio(Scott Bessent como Trump dicen que el mundo ha vivido demasiado tiempo de EEUU y es su justificación para imponer aranceles al mundo con lo que buscan recortar su billonario déficit comercial anual de décadas de curso, que balancean con emisiones de dólares, pero que empero con el ascenso de los BRICS, quienes basan sus economías en la producción vuelven más atractivas sus monedas en el comercio mundial) y en una alianza Occidental conformó una armada con la que doblegó con facilidad una sociedad que creía en que era el trabajo y el comercio de sus productos el referente para la interacción internacional.

El Tratado de Nankin(1842), tratado que se vende como de paz, implicó al imperio Qing entregar a los occidentales, el control de sus cinco principales puertos incluido el de Shanghái, con lo que los británicos se convertían en los intermediarios del comercio de productos de China con el mundo. De facto pues, una Anexión. No se quedó ahí, los occidentales obligaron al pago de una multimillonaria indemnización en metálico a China por la destrucción cargueros que llevaban opio a la nación asiática y que había sido declarada una mercancía ilegal por sus efectos en la salud.

La Anexión, aunque no aparece con tal nombre en los libros de historia, significó que dicho país terminó por financiar a la Europa conquistadora y dando apertura al denominado por los chinos como siglo de la humillación, y del que apenas en el curso del presente siglo XX vienen a sacudirse.

Los pueblos amerindios, africanos o del Asia Occidental fueron sometidos por Europa mediante la fuerza de las armas y a la postre con la consolidación de “tratados” o acuerdos de paz: a China, en su momento con el opio.  Son variopintas las formas pero un Dios verdadero, se diría, la dominación y la explotación humana.

Colombia tuvo su propia era de las luces con el gobierno Petro donde se recogió y aplicó el legado de reivindicaciones sociales y de décadas de lucha, y las que eran consideradas por los tecnócratas como un anacronismo de izquierda. Bueno, para las élites, sus familias, las gentes no perfumadas en las universidades de las cities coloniales, están vaciados en su racionalidad, pero resultó al contrario porque los resultados económicos se presentan incuestionables en el orden del crecimiento, generación de empleo o disminución del desempleo, creación de empresas, reactivación del sector productivo e ímpetu del turismo, por su puesto, no aquel que añoraban otros gobiernos, soportados en el modelo de las Vegas, del Miami Dade o el Doral del turismo sexual y consumo de drogas.

Por su puesto, para ADLE, el potentado del crimen y defensor del paramilitarismo, que perfeccionó su visión cosmogónica en la Florida, todo lo que hizo el gobierno actual es producto del narcotráfico, la corrupción y del voto fusil, una perspectiva también cocinada en millones de colombianos por los media de las élites nacionales en 4 años de picana al gobierno Petro y con lo que condujeron el voto, según su Goebbeliano modelo, contra el dictador, drogadicto y comunista.

Volverá pues el Himno Nacional del Doral cantado por Karol G, Juanes, Carlos Vives o Silvestre Dangond. El fentanilo, la droga estadounidense, también tendrá su oportunidad en el nuevo reverdecer del Club Nocturno, ese que “no come de indios, ni de negros” y en lo que se necesitará una acción decidida de la DEA, de la Migración Colombia, que se entregará de nuevo en administración a los Estados Unidos y del ejército y la policía colombiana donde serán, como en el pasado, las buenas notas en el Comando Sur los referentes.

Con el ya anunciado restablecimiento de las relaciones con Israel y el saludito del Secretario (que ahora rebautiza Trump) de Guerra, Pete Hagseth, pues ya se sabe que se viene para las fuerzas militares del país en el contexto de la acción militar de EEUU en Asia Occidental y Europa Oriental, algo que hasta ahora se presenta de manera subrepticia bajo la denominación de mercenarismo.

Así que, a prepararse para el reel con voz altisonante, gesticulación rabiosa y la alharaca de manos continuado de ADLE en el que dice amenazar a los criminales mientras de lo que se trata es de amenazar a las gentes y sociedad que se oponga al imperio de la reeditada Don Bernabilidad.

No se necesitó deponer legalmente la Constitución del 91(ni del Congreso que fue tomado) para ver que en la practica fue derogada, en la era paramilitar y donde los mass media de las élites se dedicaban al divertimento. En este caso, sucederá lo mismo.

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