Las regulaciones estatales en
España inclinan la balanza a la laboralización de los "falsos trabajadores
independientes o autónomos" de la empresa repartidora Glovo(ver al final
la REFERENCIA), una tendencia que va extendiéndose por el mundo.
Las personas, mujeres y hombres
trabajan todos los días y su labor no es reconocida como tal por Estados o
empresas.
Algunos son considerados
trabajadores informales, o lo que es lo mismo que sus patronos no son
reconocidos como tales debido a las argucias legales de la era neoliberal, lo que
empuja a estos a horarios extendidos que superan por mucho las 8 horas al día,
sin descansos, si acceso a un baño público, desempeñándose al sol y al agua, y obligados
a que sus hijos no vayan a la escuela y se vean sometidos a trabajar desde la
infancia.
De hecho, el crecimiento económico
de un país se asimila a una economía solo basada en formas de trabajo formal,
el más pequeño de todos los trabajos que se realizan en una sociedad, cuando la
realidad es que la mayor parte del crecimiento económico se realiza en el marco
del trabajo denominado informal, como la mayor producción agrícola se produce
en el minifundio.
La informalidad laboral es una
batalla que se vive en cada metro de las calles de las ciudades, no tiene edad
ni calendario, donde se muestra la realidad de este fenómeno y peor aún, estos
trabajadores y trabajadoras son presa del arriendo de las cuadrículas de aceras
o cualquier vía donde pueda asentarse una chaza, ventorrillo o labor en el semáforo
y que administran impunemente grupos armados ilegales, expuestos a ser
reclutados para la venta de drogas o el fomento de la prostitución.
A esta historia, se suma la que
sobreviene con la Tercera Revolución Industrial con las Big Tech de la internet
de paquetería, domicilios, transporte como Uber, Cabify, Didi, Picap o Indriver,
curiosamente empresas que cotizan en los principales mercados bursátiles del
mundo, con Chief Executive Officer-CEO ultra ricos o empresas caracterizadas
por la opacidad en su actividad financiera internacional.
El mundo del trabajo en la actual
era proto-neoliberal o globalización, buscaba no solo enajenar el fruto del
ingreso del trabajo, si no la posibilidad de que estos se organizaran
socialmente y demandaran sus derechos.
Colombia en ello es un caso bien
particular, porque la implementaci9n del neoliberalismo se cruzó con la era
paramilitar, donde dichos grupos persiguieron y asesinaron todo líder o
representante de los trabajadores en el país, lo que se extendió al desplazamiento
de 8 millones de personas, buena parte de ellas que precisamente quedó sometida
a la trampa del trabajo sin protección alguna y con el menor ingreso en la
remuneración del mismo.
La pregunta no es pues si existe
el trabajo informal, si no más bien quien o quienes son los patronos de esos
trabajadores.
Por su puesto, existe el temor a
que las empresas directamente beneficiarias del trabajo informal opten por
cancelar las ventas a los denominados actualmente trabajadores informales, sin
embargo, dichas empresas simplemente deben ser sustituidas por empresas con
producción equivalente o enriquecida que desarrolle su actividad lícitamente y operando
en clave de la formalización laboral.
Un estado en sentido estricto no
puede permitirse que las personas que están bajo su tutela queden en la
desprotección, por eso los estipendios gubernamentales son la fórmula para mitigar
la crudeza de lo que sucede, o lo que es lo mismo, las empresas y empresarios
que absorben el producto del trabajo a los informales, entregan esta responsabilidad
al Estado.
El Estado a su vez, ha sido socavado
por neoliberalismo, privándolo de sus ingresos esenciales que obtenía mediante el monopolio de la
explotación de sectores sensibles y usufructo de la riqueza del subsuelo
nacional, que lo que hace para su sostenimiento es precisamente, siguiendo en
el orden neoliberal, incrementar impuestos al consumo, es decir, en general, a la
sociedad, los que de nuevo impactan con mayor severidad los sectores más débiles
sumergidos en la informalidad, en un ciclo y configuración de un Estado más
atrasado que el definido por la servidumbre o dicho de otra forma, el feudalismo
de la Edad Media y más parecido a la esclavitud, ya sin la herropea o grillete extendido
con la esfera de hierro atada a los pies, que caracterizaba este modo de producción, pero que es asimilado por su condición económica como tal, de
la que depende ciertamente la “libertad”, en un mercado capitalista.
