La proyección de Roma al mundo europeo y del
Mediterráneo se fundó en la creación de un núcleo social, económico y militar
que se consolidó por el referente político del republicanismo en contraste con
los reinatos sobre los que paulatinamente se imponía. Las sociedades sobre las
que avanzaba Roma veían en esta la llegada de una mayor participación política
en las decisiones de las regiones en contraste con lo que ofrecían sus reyes (de
hecho, Roma llegó a tener emperador y senadores extranjeros y extendía en
ciertos momentos la ciudadanía romana), a más del desarrollo de infraestructura
de colección y abastecimiento de agua, los comercios, puertos, infraestructura urbana
de carácter público(entre ellas las famosas termas), la dedicada al culto religioso y conexiones terrestres a lo largo de sus dominios.
Estados Unidos ha amasado su estatus imperial soportado esencialmente en lo que fuera su palanca industrial y comercial, mientras que el orden político que fusionaba su avance social son los bipartidismos, la denominada democracia liberal, una visión que mantuviera el desarrollo de los países al nivel de un bonsái económicamente hablando (lo que incluye los procesos de endeudamiento, neoliberalismo o globalización), concentrando su quehacer al control mediático y coercitivo de las sociedades.
La Unión Soviética, en su existencia, consolidaba su proyección en el mundo y su desarrollo tecnológico y productivo en la perspectiva política socialista, donde la economía era regulada por el Estado Central, algo con lo que se buscaba evitar la perspectiva inclemente de la guerra que produjo las dos principales conflagraciones armadas en el siglo XX, debido a la expansión geoeconómica e imperial, que impone como característica el capitalismo, el empresarismo gestor del Estado y sin lo que no puede pervivir.
En particular, Estados Unidos consolidó su supremacía internacional en la segunda mitad del siglo XX, no solo mediante intervenciones militares e injerencia internacional en los países, si no mediante su posicionamiento en las instituciones de Bretton Woods, el Fondo Monetario, el Banco Mundial (a la postre la Organización Mundial del Comercio), desde donde se impuso la monetarización de las economías del orbe en dólares. La Unión Americana terminó subvencionada por el resto del mundo, un financierismo que concluyó por minar su sector productivo e inclinar el favor de los ingresos empresariales a la especulación mientras permitieron la relocalización industrial en dirección a Oriente, confiados en que se tomarían medidas para evitar la emergencia del poder chino -trasladar el trabajo propiamente manufacturero y no el de alta tecnología y minando las instituciones y empresarios mediante la corrupción, el opio moderno-, pudiendo repetir los modelos aplicados al tercer mundo en diversos ciclos asociados al sobre endeudamiento y exposición al capital golondrina, o la disuasión por medio del bloqueo internacional mediante el SWIFT con que decapitar la economía de Beijing.
Hoy se conoce que sucedió, y es que China optó por mantener un férreo control institucional, la obligación a las multinacionales occidentales a que empresas nacionales participaran del desarrollo productivo, manteniendo el control de la propiedad del suelo y de las empresas estratégicas del estado, todo lo cual, soportado en décadas de inversión en servicios sociales, permitió el milagro chino del presente.
Mañana Donald Trump, persona del año 2024 por Times, hará sonar la campana de Wall Street mientras festejan el logro del hundimiento de Assad en Siria y se colocan los ojos en que harán las petromonarquías del golfo pérsico, una centralidad en las existencias de petróleo convencional del mundo que puede por un lado permitir relajar la producción de crudo no convencional en la Unión Americana, solo posible mediante subvenciones estatales, a más de ser una bomba atómica contra el medio ambiente en especial por la contaminación de la escasa agua dulce del planeta.
Estados Unidos intentó contener el desangre debido a su dependencia de las importaciones de crudo de Oriente Medio desde finales del siglo XX mediante el fracking, lo que agudizaba el profundo déficit comercial derivado de la relocalización industrial de sus empresas a Oriente, pero lo que abrió paso a la consolidación de relaciones comerciales de los países del golfo pérsico a China. Hoy Arabia Saudita tranza su petróleo con China en yuanes, lo que canjea con productos manufacturados industriales y tecnológicos producidos por Beijing.
La pretensión de Washington es pues colocar la mano sobre la llave petrolera que está en el golfo pérsico e incluye Irán (tercer país en reservas del mundo, ojo, el primero es Venezuela), por su puesto, con lo que colocar contra las cuerdas a Beijing toda vez que intentar con un petróleo de mejor calidad y “precios aceptables” incentivar el retorno productivo e industrial estadounidense.
Sin embargo, China ya ha consolidado, sobre todo desde 2022, la infraestructura petrolera y de intercambio de materias primas con el país más grande del mundo, Rusia, el tanque petrolero y gasífero de Eurasia.
Muchas cosas sucederán en esta batalla por la sobrevivencia de las potencias capitalistas, con un EEUU soportado en golpes de mano y la guerra híbrida, mientras Oriente, los BRICS plus, continúan su progresión comercial basada en su palanca industrial y desarrollo tecnológico. Claro es que las espadas están sobre la mesa para una confrontación directa entre potencias. ¿Sobrellevará un choque militar convencional directo Estados Unidos y Europa Occidental con el dúo sinoruso? ¿habrá oportunidad de ello en medio de una potencial batalla nuclear?
*Cuando Rusia anunció a EEUU media hora antes de su prueba en Ucrania del misil hipersónico de reentrada a la atmósfera Oreshnik(avellana porque se desgrana en la caída como un misil intercontinental), las embajadas occidentales cerraron sus operaciones en Kiev, algo que no se había presentado durante el transcurso de la guerra.
