Los últimos 80 años, es decir, el periodo que
sobreviene a la Segunda Guerra Mundial, ha transitado por momentos en la geopolítica
como la bipolaridad, la denominada Guerra Fría, que caracterizó el desarrollo
tecnológico entre dos polos de poder, la Unión Soviética y Estados Unidos, lo
que modulaban el resto de conflictos internacionales; el periodo propiamente de
hegemonía estadounidense, que sobreviene a la desaparición de la URSS en 1991,
cuando Washington terminó de consolidar el poder en Naciones Unidas y el
sistema financiero y comercial internacional, y finalmente la introducción de
la denominada multipolaridad, que creció paralelamente a la unipolaridad, ya bien
visible a comienzos del presente siglo y donde el pragmatismo de EEUU debido al
sostenido y creciente déficit comercial con China, hasta entonces reinvertido
en deuda de la misma Unión Americana, pero que traducía una inclemente e impagable
deuda exterior, terminó por permitir el ingreso de los asiáticos en la
Organización Mundial del Comercio, buscando derivar los abultados superávits de
China ya en el mercado, inversiones y comercio internacional.
Aun así las abultadas emisiones de Estados Unidos, que terminó por monetizar en dólares la economía en lo que se constituye como globalización, ni mucho menos ha terminado de saldarse con la solución al poder industrial chino mencionado y donde sus excedentes “en dólares” ahora consolidan su poder en el mundo mientras, con suficiencia continúan comprando deuda del gobierno federal estadounidense, y sintetiza una deformación estructural de la economía global.
Poco se conoce sobre el descalce existente entre las emisiones realizadas por EEUU en su historia y que es lo que representan, así existan economistas por doquier o entregas anuales de nobeles. Por su puesto, poco interesa que se presente un estudio en este sentido cuando los beneficiados de tal situación son precisamente los que otorgan las premiaciones.
Eso sí, hay indicios importantes del desajuste financiero internacional en cuestión.
De reconocer, que el modelo occidental ha vendido al mundo que los bancos centrales deben mantener independencia, en particular de los gobiernos, pero un axioma que realmente queda develado conociendo el funcionamiento de la banca central de Estados Unidos donde es el sector privado quien opera realmente, no tras bambalinas, si no de frente la economía de dicho país y que se concentra en los denominados tres grandes empresas de inversión, léase Vanguard, BlackRock y State Street, quienes controlan el 90 por ciento de las inversiones de las empresas del Standard and Poors 500. Como es de esperarse, la posición dominante en las inversiones se reflejan en empresas como Apple, Microsoft, ExxonMobil, General Electric, Coca-Cola, The Economis o Financial Times… por nombrar algunas de estas, y lo que no quiere decir, que no tengan participaciones sensibles en otras como Alphabet, Amazon o X(antigua Twitter).
Solo BlackRock, moviliza recursos equivalentes, extrayendo a China y EEUU, al PIB del resto del mundo.
Como se ve el mercado financiero de Estados Unidos y en consecuencia de Europa Occidental, es un casino, en términos estrictos, es decir, hay quienes juegan con cartas marcadas.
Ahora bien, lo que se denomina Estado Profundo, se presenta cuando se reconoce que la administración de la riqueza del Tesoro de EEUU es realizado por las tres grandes empresas de inversión ya descritas.
Es decir, si en el Oscurantismo eran incuestionables las posiciones económicas de nobles y clero, hoy lo es si se piensa en una élite bien definida para el caso de Occidente, lo que también se conoce con nombres poco ortodoxos como financierismo, y los mismos que encuentran como su principal problema la consolidación del mundo multipolar que acabe con la fiesta de convertir pasivos astronómicos en activos, es decir, préstamos impagables al resto de economías del mundo o como fórmula para comprar empresas estatales e incluso emprendimientos privados locales que tengan proyección económica.
Pero este poder con el que se amasó la hegemonía estadounidense, en el entendido de quebrar cualquier país en un instante, es lo que ha quedado como recordatorio si se piensa en como esta artillería financiera ha llovido sobre Rusia pero que con la alianza con China, el estado eslavo más que enfrentar ha salido fortalecido. Sin embargo, es este mismo factor el que explica la continuidad de la acción militar Biden-Trump, con sus ataques “en profundidad” del estado ruso, que en el entendido de lo que está en juego, Moscú ha hecho público las decenas de centros militares en Europa Occidental y en Estados Unidos que en cualquier momento pueden ser atacados a través de su arsenal de misiles, entre ellos el recién inaugurado Oreshnik(avellana) de 10 mach de velocidad.
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