Las élites vinculadas a Trump
desplazan aquellas asociadas a los demócratas.
El mandatario de la mansión de Mar A lago hace temblar los negocios de las Big Tech como Google, Meta, Netflix, Microsoft, Apple, de los mass media como CNN, Bloomberg o The New York Times(por nombrar, porque controlan el sector de medios convencional como el ligado a internet en todo Occidente), lo que ahora se extiende a las Big Pharma como Moderna, BioNTech y Pfizer tras nominar a Robert F. Kennedy como ministro de salud.
Es la hora del grupo relacionado con Musk, socios encubiertos tras sociedades anónimas en Tesla, Starship, Starlink, X(antiguo Twitter) o Neuralink, también de las empresas automotrices como General Motors o Ford y las multinacionales dedicadas a la explotación de combustibles fósiles como Exxon Mobil o Chevron. Se extiende a su vez a Blakstone, banco de inversión del sector inmobiliario y el denominado rey de las subprime John Paulson, que con sus compañías impulso los derivados o deudas de cientos de millones de dólares del sector inmobiliario en EEUU, ya no posibles de liquidar, reorientados al mercado mundial con apoyo de calificadoras de riesgo de inversión y la banca estadounidense y que produjo la crisis mundial del año 2007, un fenómeno que por sus efectos fomentó el deslave de la era unipolar estadounidense.
El artificio consistió en convertir montañas de dólares impresos por la reserva federal y prestados a empresas y ciudadanos, que se tradujeron en pérdidas por los impagos de las acreencias y que los banqueros de EEUU convirtieron en activos. Es decir, convirtieron pasivos en activos para proyectarlos como montos de inversión al mercado global.
Ahora bien, la fórmula de las subprime ha tenido continuidad con un vehículo que financia especialmente a los demócratas, es decir, BlackRock una especie de Frankenstein financiero que mezcla posiciones de la reserva federal con el sector privado estadounidense, “el mayor gestor de activos y pasivos del mundo”, y que tiene un equivalente de apalancamiento al producto interior bruto de China, nada más ni nada menos. Este evento es el que explica la inviabilidad económica de EEUU porque las cifras astronómicas de dólares que divagan como “el fantasma que recorre el mundo”, se ofrece a los países como motivación al endeudamiento e “inversión”, pero que demanda unos intereses que harían de la realidad de la pobreza colonial actual una caricatura.
Detrás del America First persisten intereses políticos que algunos no osan llamar por su nombre y que denominan “estado profundo”, es decir, empresas que serán el referente de los intereses del gobierno a instalarse en enero próximo en la Casa Blanca y ya mencionados.
En general Trump castigará las empresas que sobrevivieron a la crisis financiera de 2007 debido a ayudas estatales, en particular de demócratas, y debido a que a tiempo aplicaron un proceso de deslocalización industrial en especial a China. Y es solo el comienzo si se tiene en cuenta la política de aranceles que reitera aplicará el presidente electo de EEUU. Es decir, Trump intentará modificar la división internacional del trabajo industrial y del comercio propio de la globalización y que el actual Estados Unidos no puede enfrentar debido al largo proceso de desindustrialización doméstica y que ha sobreaguado por décadas con emisión de moneda.
Es decir, el edificio del neoliberalismo y la globalización impuesto al mundo por EEUU, ahora intenta ser echado por tierra por su mismo progenitor, después de haber perdido la competencia en un proceso de 30 años (una generación) en el marco del desarrollo productivo, comercial y tecnológico con China.
>>Puzzle de publicaciones<< >> Blog<< <<Geoeconomía> <Geoconflictos> <Geoenergía> <Biosfera>
