La reunión entre Trump y Biden en la Casa
Blanca de la pasada semana infiere la actividad coordinada que este último ha
puesto en marcha en Ucrania, en particular, el permiso del uso de misiles
occidentales en la “profundidad” de Rusia.
Entre otros, una guerra se sabe cómo se inicia,
pero no como y cuando termina. La guerra de Ucrania es un globo que se fue
aireando desde décadas atrás y en medio de la era unipolar con la expansión de
los países Otan en dirección a Rusia, en particular, las naciones de Europa
Oriental y más recientemente los países nórdicos.
Las guerras en el Sur Global en la unipolaridad
son estrategias de control de regiones donde la hegemonía no logra un escenario
para imponer una dominación y una meseta de pacificación y lo que caracteriza
estas en el periodo que sobreviene a los años noventa del pasado siglo (incluye
la guerra contra las drogas). En la bipolaridad, las guerras en el mundo al
margen del Norte Global, se regulaban por las dos superpotencias, la URSS y
Estados Unidos, pero en la actualidad la escena de los conflictos tiene el tinte
de la multipolaridad con el choque entre potencias que estuvo al margen tanto
en la bipolaridad que sobrevino a la Segunda Guerra Mundial, como a la postre,
de la unipolaridad.
Volviendo al actual periodo de empalme
Biden-Trump, el demócrata intenta tapizar un escenario de negociación de la
guerra al magnate recién electo, en la idea de consolidar la avanzada sobre territorio
de Kursk en Rusia, obligando al ejército eslavo a replegarse debido a los
ataques en la retaguardia que intentan establecer a través de misiles de largo
alcance, esto con el fin de canjear Kursk por territorio capturado militarmente
por Rusia en Ucrania y por otro lado, tener una carta de presión a Moscú en
medio de una mesa de diálogo EEUU, que se presenta como defensor de la
democracia y del derecho internacional de Ucrania y Rusia.
La perspectiva de la élite trumpista, a la que
se suman cada vez más demócratas, está en intentar mostrar ante el mundo que
EEUU desea una negociación a la guerra, en sus términos por su puesto, para a
la postre, de no avanzarse en los términos de la negociación, presentar a Rusia
como proclive a la solución armada.
Esta estrategia busca airear políticamente a
EEUU en el mundo, intentando disolver su sello guerrerista que ha conquistado tanto
con el auspicio del genocidio que se presenta en Oriente Medio como con el
apalancamiento de guerra que con la otan factura contra Moscú.
El capítulo del genocidio que practica Israel,
el trumpismo pretende auspiciar un modelo que permita restablecer el comercio
de petróleo con EEUU con Oriente Medio que mitigue la dependencia de Washington
del petróleo no convencional de su propio suelo o de Canadá, más costoso en su explotación
que el petróleo convencional que se encuentra en los entornos de Mesopotamia y
en Venezuela, un obstáculo a cualquier redención productiva asentada en el
declinante imperio del norte. Entre otros, sería colocar la mano sobre la llave
que da acceso al oro negro que va con destino a China.
Es la cuadratura del círculo. Va a ser difícil
que Estados Unidos acceda a ceder en el asedio que “por décadas” ha llevado a cabo
en torno a Rusia (también en torno a China), en medio de una negociación. Es un
costo demasiado alto que estimularía el deslave de lo que queda de
unipolaridad.
Ahora bien, si EEUU dejara de sustentar económicamente
a Kiev en ese mismo instante desaparecería Ucrania.
Es decir, la negociación tanto del conflicto en
Oriente Medio como en Ucrania pasa por la negociación del orden internacional heredado
de la unipolaridad, redefiniendo la estructura de la Organización de Naciones
Unidas, un modelo que otorgue un lugar a Estados Unidos en el concierto de las
potencias en un mundo multipolar, del dólar en coexistencia equilibrada con el yuan
y otras monedas de referencia internacional al margen de las occidentales, que es
lo que sucede en la actualidad, de la regla de la eficiencia de la producción que
incluya la realidad de los costes ambientales como referente de la economía y
del desarrollo de sociedades justas realmente democráticas.
Este contexto permitiría establecer medidas
financieras internacionales para dar sustentación a la nueva Ucrania, así como
su rol político, que difiera de la repartija que se hizo con Yugoslavia por
parte de Occidente en los noventas del pasado siglo. De igual manera, permitiría
la solución de los dos estados, uno israelí y otro palestino, para el caso de
la situación de Oriente Medio.
La salida de la guerra de Francia en Indochina
y de Argelia a mediados del siglo pasado, redefinió el rol de los galos como potencia
colonial mundial, al igual que sucede con el caso de la salida de Reino Unido
de la India en 1947, es un caso semejante. A su manera la guerra de Corea (1950-53)
y posteriormente de Vietnam (1964-1976) ajustaron las clavijas en las relaciones de
la URSS y Estados Unidos.
De hecho, la desaparición de la URSS generó un
reacomodo total de la Organización de Naciones Unidas y la consolidación del
lugar de EEUU.
Lo otro, pues es la salida de las cañoneras y ya se sabe en que termina ello.
