2024/11/07

El pasado julio se realizó la más reciente cumbre de la Otan en Washington “con ocasión del 75 aniversario” de la Alianza y donde fueron convocados más de 32 países, es decir, el núcleo occidental en el que se soporta Estados Unidos. Un G7 ampliado se diría, o el Club de países más ricos del mundo, pero una reunión que se convirtió en un evento de campaña del por entonces candidato presidencial Biden y donde se subrayó el apoyo de Estados Unidos a dicha Alianza por encima de aspectos relacionados con el financiamiento de la organización, lo que se extiende a temas como las relaciones comerciales trasatlánticas de “mutuo” beneficio y como contraste a lo que ha manifestado Trump desde el Make America Great Again, al igual que el mandato del republicano sobre que los europeos tienen que pagar por su seguridad.

La reunión ratificó la postura del Norte Global sobre Trump, es decir, un bloque que buscó abiertamente evitar que el expresidente republicano volviera a la Casa Blanca, algo que pareció menos diplomático que las declaraciones de Rusia donde resaltaban el que no esperaban mayores cambios en la política internacional debido a que interpretan equiparables las perspectivas de demócratas como republicanos, o de la misma China donde insistían en que se respeten los cánones de la globalización y subrayando la soberanía sobre Taiwán.

En el caso de Europa, la respuesta de Trump ha sido darle juego a la contraparte de los frentenacionalismos en dicha región, en particular entrevistándose con el primer ministro de Hungría Viktor Orban, un mandatario que bloquea frecuentemente las decisiones del Consejo de Europa, que pasan por la regla del consenso y que define las políticas de la Unión Europea. Para más señas, Trump se reúne con Orban  paralelo al encuentro llevado a cabo por la Otan.

Esta situación es la que tiene los pelos de punta en el Viejo Continente, por las retaliaciones que puedan sobrevenir desde el próximo 20 de enero. En la libreta de apuntes de Trump están temas como aquellos a quienes se considere estuvieron detrás de los atentados contra su vida, el sector judicial implicado en los procesos en su contra, la postura de los mass media, convencionales y digitales, y un largo etc.

Sin duda, el gobierno de Trump será turbulento como el de el mismo Biden, de hecho, es esperable que continúe la escena de las guerras impulsadas por el último, lo que incluye el genocidio en Palestina. Sin embargo, el mayor temor de las élites estadounidenses, parte del reconocimiento de que Trump no gobernará a la usanza del antaño bipartidismo, e impulsará la reconfiguración de las élites del país.

El autoritarismo o fascismo, el gobierno mediante la violencia con el que ejerza su mandato el magnate recién electo no representa un contraste considerable si se piensa en el clásico gobierno del bipartidismo.

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