A comienzos del siglo XX, el auge de la
hegemonía occidental, en particular, estadounidense estaba representada por las
lecciones constantemente repetidas en medios de comunicación y textos de referencia,
de disciplinas económicas como sociales.
En 2001, se afirmaba que “500 multinacionales facturaban más de 10.000
millones de dólares, mientras en ese mismo año 125 países de 200 existentes, no
podían presumir de tener un PIB que alcanzara esta cifra."
Se concluía entonces que, “las principales multinacionales del mundo son más grandes, desde el punto de vista económico, que la mayoría de los países”, y según el análisis dominante que desaparecían los estados nación.
Este ardid ideológico economicista incuestionado fue en el que se soportó la práctica generalizada cifrada en el axioma: quien coloca dólares sobre la mesa es quien define el rol de las instituciones domésticas de los países como internacionales. De esta forma, pese a mantenerse una arquitectura formal en Naciones Unidas, por ejemplo, en la práctica sus instituciones quedaron cooptadas por Estados Unidos a través de sus multinacionales quienes presumían de la financiación de sus organizaciones, algo que en su forma se repite en cada estado nacional a través de las instituciones de Bretton Woods, el Fondo Monetario, el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio.
En este contexto, el dólar era la moneda incuestionable como referente del comercio internacional, por lo que cada país quedaba “obligado” a tener dólares suficientes para adquirir bienes en el mercado internacional, una característica para la mayor parte de los países del mundo, por entonces, con déficits comerciales como consecuencia del desarrollo industrial del Norte Global y los magros pagos de materias primas con que se remuneran los países de Sur, y derivaba por obvias razones en sucesivas crisis cambiarias o de deuda de los mismos.
Así pues, la intervención militar de las regiones en la “era de los descubrimientos”, dio paso a la intervención económica, financiera. La quiebra de los países se supedita a la contracción o consumo de las reservas en dólares de la banca central a lo que sobrevienen “los salvadores” con las instituciones de Bretton Woods, el Fondo Monetario, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, con palanca en la banca de los países centrales de occidente, pública y privada, con préstamos en dólares, obligaciones en volúmenes de reserva del mismo, lo que está ligado al proceso de monetarización en la divisa verde de las economías nacionales, país a país.
Hoy los ciudadanos de los países enfrentan el poder del dólar, de las inversiones en la explotación de materias primas, colocando como prioridad temas como la protección de la naturaleza, o en particular, un elemento esencial como el agua dulce.
En la teoría dominante de comienzos de siglo, un país como Colombia era insignificante si se comparaba con los patrimonios en dólares de cientos de empresas multinacionales occidentales. ¿pero qué queda siendo un país como Colombia sin sus principales ríos, por ejemplo? ¿sobreviviría? Y se aplica a cada zona urbana que necesariamente tiene un abastecimiento del preciado líquido.
Aquí es donde aparece una contradicción que opone bienes esenciales para la vida que no tienen equivalencia con algún valor que represente una moneda, algo que de hecho lentamente tiene representación en la realidad cuando se corrobora que un litro de agua dulce ya supera el valor de un litro de combustible, y de seguro se proyecta a ser un bien que no tiene posibilidad de ser tranzado. Sucede con el aire limpio o el canto de un pájaro, la función como generación de vida natural de los ecosistemas y la biodiversidad.
No se trata pues de desconocer que la humanidad requiere de bienes naturales para su supervivencia e incluso de comercializar una porción de ello en un mundo con predominio del capitalismo. Sin embargo, cada vez la conciencia de las sociedades en medio del cenit de los recursos optará por soluciones menos inclinadas a la explotación de la naturaleza, en todas sus acepciones.
Y no es un cliché. El retorno del poder de las monedas nacionales y el intercambio en otras monedas al margen del dólar, representa una inflexión en el mundo de la dictadura del billete verde y una opción que no existía a comienzos del presente siglo.
Los estados nación lentamente se sacuden del control de las multinacionales occidentales que oficiaban el interés de EEUU, y que supeditaban las votaciones en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas.
La discusión ya incluso no se centra en si lo bienes son o no de patrimonio estatal, si no de su fundamento como bien esencial para la vida de las sociedades.
El mundo enfrenta una batalla entre potencias, también de carácter excepcional, pero básicamente regido por los móviles clásicos del capitalismo y la labor de los proyectos alternantes es precisamente aprovechar esta ventana de tiempo para desarrollar proyectos políticos locales e internacionales que realmente sustenten el futuro de la humanidad, toda vez que persuadan el cambio del carácter capitalista de las grandes potencias.
>>Puzzle de publicaciones<< >> Blog<< <<Geoeconomía> <Geoconflictos> <Geoenergía> <Biosfera>
