Mucho se habla de desigualdad, sin embargo,
poco sobre las causas de la misma y los ingresos son un fundamento explicativo.
En Colombia de 22,8 millones de trabajadores formales (la fuerza laboral total del país) menos de un millón de personas ganan más de 4 salarios mínimos. De hecho, 4 salarios mínimos es una cifra acorde con las posibilidades de subvencionar adecuadamente una canasta básica de alimentos mensual, el pago de otros servicios esenciales como transporte, vivienda, recreación, difícilmente un gradiente que permita ahorro, algo que se hace más remoto si es un ingreso con el que se sustente una familia, lo que se agudiza si existen números plurales de miembros y que explica el progresivo deterioro demográfico del país.
Ahora bien, hay que recordar que el salario mínimo en el país está tasado en $1.300.000 pesos, sin embargo, de 22,8 millones de ocupados, según el Dane, 10 millones ganan “menos” de un salario mínimo y refleja el punto de llegada de décadas de gobiernos protoempresariales que normalizaron la cruda realidad que se plantea y que por las tensiones que suscita tiene derivas en la implementación de políticas autoritarias y donde la violencia es el activo base en su sustentación.
Los grandes empresarios sostienen que la economía de los negocios no da soporte para incrementar los salarios, lo que resulta cierto pero es consecuencia de la implementación por estos mismos de un modelo económico que progresó en un parque industrial tipo bonsái, que transformó con el paso de las décadas la estructura de la economía nacional, que ahora está representado por el sector servicios, definidor de una escena económica que vive de la intermediación o comercio de productos importados provenientes de multinacionales, y donde la generación de riqueza queda supeditada a quitar salario a los trabajadores, a la especulación financiera y a convertir la administración del Estado en el primer activo empresarial.
Transformar las materias primas, dar valor agregado a las mismas, el sector industrial y productivo, representa la franja económica propia de la generación de riqueza, y es lo que ha desaparecido. Reiniciar dicho proceso está supeditado al desarrollo de la agroindustria, un eslabón que empujará de nuevo la progresión del sector productivo, sucedió en medio y posterior a la segunda guerra mundial con la política de sustitución de importaciones, y que como simil aplica en el momento actual al modelo de reshoring o diversificación del mundo productivo concentrado en Oriente.
Convertir el sector turismo y tantos otros en “industrias”, no libera el país de su dependencia de importaciones y el ciclo nocivo del endeudamiento que ya está en niveles históricos.
La doctrina neoliberal que vendía como opción un mercado internacional con una oferta cuasi ilimitada, pero que supeditaba los países desindustrializados al endeudamiento con que corregir los crónicos déficit comerciales, una inversión estatal que se reduce drásticamente, la promoción de medidas impositivas a los más pobres, el incentivo a la explosión social y a la adopción en este sentido de gobiernos autoritarios, aunque es el camino de los “libertarios” como Milei que ha contraído el salario solo en un año(2023 a 2024) en una quinta parte, o retornar a una Seguridad Democrática 2.0, tiene como alternativa la perspectiva de reconstituir un proyecto democrático que tome en la escena de la multipolaridad, en síntesis un teatro de guerra internacional, con que promover, como en el pasado, el propósito de la sustitución de importaciones y la promoción de un mercado nacional lo más autosuficientemente posible.
Recuperar el sector productivo permitirá mejores salarios y la soberanía nacional basada no en el orden militar, como en lo económico.
Los acuerdos comerciales entre gobiernos soberanistas latinoamericanos es un soporte que cobra importancia en este propósito, al igual que la apuesta por un poder importante de los demócratas en el Congreso de EEUU, lo que va más allá de los resultados electorales de la próxima semana, así como la incursión del país en la Franja y la Ruta.
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