2023/05/09

El desarrollo de instrumentos, o prótesis, que extiendan las capacidades del cuerpo humano, es una característica, desde siempre, en el desarrollo y evolución del homo sapiens.

De la piedra a la madera, la revolución de los metales y plásticos, son eslabones de la historia que sintetizan cientos de años, en la construcción de máquinas con que transformar la naturaleza, y que deriva en transformación de las relaciones sociales, con gravitación en la economía, pero donde los humanos han sido el epicentro, o, de otra forma, desde donde se dirigen los hilos de los desarrollos técnicos.

Claro, la centralidad ha sido perfeccionar el aprovechamiento de los bienes naturales, en la dirección, en principio, de disminuir los esfuerzos para la sustentación de la vida social, al final traducida en una economía de retornos, o de cada vez mayores ganancias y, que se traducen, ya en la modernidad, en capitalismos de estado o empresarial.

Sin embargo, los desarrollos recientes, si se piensa en la historia de la humanidad, confirman un salto cuántico en este proceso, debido a que el algoritmo, soportado en la actividad social de la singularidad del “todo humano”, acumulado y procesado por computadores, la IA, está abriendo una era en la que la historia del mundo del trabajo, y de las máquinas al servicio de los humanos, hace un giro de 180 grados.

Singularidad que se ha tornado en una nueva “verdad”. Los resultados de los algoritmos son eso, así sea que lo procesado en computadores sea algo limitado, si se piensa en la historia y complejidad que caracteriza lo humano. Lo procesado por algoritmos, supone eliminar lo no sintetizable, mientras se soporta en el registro de lo común, hoy en día, lo que pueda traducirse en dinero y control de las sociedades. Que finalmente, para el capitalismo, es lo mismo.

De hecho, las máquinas vienen sustituyendo la fuerza de trabajo de manera visible desde la revolución industrial, entre otros, con la máquina de vapor. Se subraya, “la fuerza de trabajo”, porque el desarrollo computacional abrió la puerta a sustituir la actividad humana, en el orden del procesamiento de datos, una primera escala en la dirección de sustituir, capacidades ya en el orden propiamente intelectual humano.

Ahora bien, la IA, y la “verdad” que la sociedad capitalista ha otorgado a la singularidad del procesamiento de datos, la IA, permite la aparición de una nueva escena, que es facilitar la sustitución del “homo simplificado”, en el fondo, el mayor constructo del proceso de masificación social y política, en el que nos encontramos.

Claro, la conclusión no se refiere a actividades que siguen siendo gestionadas con eje en humanos con la IA, si no, aquellas, donde precisamente, sucede todo lo contrario.

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