El desarrollo de instrumentos, o prótesis, que extiendan
las capacidades del cuerpo humano, es una característica, desde siempre, en el desarrollo
y evolución del homo sapiens.
De la piedra a la madera, la revolución de los
metales y plásticos, son eslabones de la historia que sintetizan cientos de años, en la construcción de máquinas con
que transformar la naturaleza, y que deriva en transformación de las relaciones
sociales, con gravitación en la economía, pero donde los humanos han sido el
epicentro, o, de otra forma, desde donde se dirigen los hilos de los desarrollos
técnicos.
Claro, la centralidad ha sido perfeccionar el aprovechamiento
de los bienes naturales, en la dirección, en principio, de disminuir los
esfuerzos para la sustentación de la vida social, al final traducida en una
economía de retornos, o de cada vez mayores ganancias y, que se traducen, ya
en la modernidad, en capitalismos de estado o empresarial.
Sin embargo, los desarrollos recientes, si se piensa
en la historia de la humanidad, confirman un salto cuántico en este proceso,
debido a que el algoritmo, soportado en la actividad social de la singularidad
del “todo humano”, acumulado y procesado por computadores, la IA, está abriendo
una era en la que la historia del mundo del trabajo, y de las máquinas al
servicio de los humanos, hace un giro de 180 grados.
Singularidad que se ha tornado en una nueva “verdad”.
Los resultados de los algoritmos son eso, así sea que lo procesado en
computadores sea algo limitado, si se piensa en la historia y complejidad que
caracteriza lo humano. Lo procesado por algoritmos, supone eliminar lo no
sintetizable, mientras se soporta en el registro de lo común, hoy en día, lo
que pueda traducirse en dinero y control de las sociedades. Que finalmente, para
el capitalismo, es lo mismo.
De hecho, las máquinas vienen sustituyendo la fuerza
de trabajo de manera visible desde la revolución industrial, entre otros, con
la máquina de vapor. Se subraya, “la fuerza de trabajo”, porque el desarrollo
computacional abrió la puerta a sustituir la actividad humana, en el orden del
procesamiento de datos, una primera escala en la dirección de sustituir,
capacidades ya en el orden propiamente intelectual humano.
Ahora bien, la IA, y la “verdad” que la sociedad capitalista
ha otorgado a la singularidad del procesamiento de datos, la IA, permite la aparición
de una nueva escena, que es facilitar la sustitución del “homo simplificado”,
en el fondo, el mayor constructo del proceso de masificación social y política,
en el que nos encontramos.
Claro, la conclusión no se refiere a actividades que
siguen siendo gestionadas con eje en humanos con la IA, si no, aquellas, donde
precisamente, sucede todo lo contrario.


