Alguien se preguntaría por que estalla la guerra en Sudán.
Pero, se olvida, que Colombia vive un conflicto que ya trasciende más de medio
siglo. Algunos lo tasan en más de 60 años. Y las causas, no son tan diferentes.
En el centro, de nuevo, están factores económicos.
Recursos como el agua, petróleo, tierra cultivable, todos de interés para élites
locales y compañías internacionales, que como en toda guerra, son el telón de fondo,
igual que los miles de víctimas, millones de desplazados y el hambre. Solo
recordar, Darfur.
Ahora bien, mientras en la era de la bipolaridad, las
guerras en el tercer mundo, diluían las posibilidades de una confrontación directa
entre potencias, la URSS y EEUU; y, en la unipolaridad, el afianzamiento de la
colonización imperial, hoy, las conflagraciones militares, traducen un ajedrez
donde se llega al punto de inflamación de la batalla comercial, financiera, o, política, de los
países en contienda. Pensar, claro está, en EEUU, Rusia o China…
En el caso particular de Sudán, el general Al-Bashir, en el
gobierno tras un golpe de estado en 1989, creó un grupo civil armado como contrapartida
a generales fuertes del ejército oficial del país, con denominación Fuerzas de
Apoyo Rápido, grupo que en la actualidad desata las hostilidades en contra del
ejército regular sudanés, con quién pactó desde el año 2019, un proceso de
transición democrática, luego que, líderes del ejército regular y de las
Fuerzas de Apoyo Rápido, dieran un golpe de estado, al mismísimo general, Al-Bashir.
Del caso, es recordar, que las crisis concomitantes a
los golpes de estado, o elementos desencadenantes, se vienen agudizando en el
escenario de crispación geopolítica global. Entre otros, la inflación, que
impacta los precios de los alimentos y los combustibles, la recargada presión
sobre las materias primas, la desaceleración económica y la deuda.


