2009/03/18

Guerra a las drogas
Iván Saldarriaga

A la guerra contra las drogas se han sumado, después de Colombia, Afganistán primero, y ahora México.

El Plan Colombia no se estableció como una guerra anti-insurgente sino como una guerra contra las drogas. El pretexto de las drogas es una buena coartada para presentarle a la opinión pública cualquier escalamiento militar o intervención que se hace por otras razones que se mantienen en la sombra. La guerra contra las drogas y la guerra contra el terrorismo ha justificado, en los últimos años, casi cualquier cosa.

La meta de la reunión de Viena sobre las drogas en términos de erradicar el problema no es solo una utopía. También es una justificación anticipada a una guerra contra las drogas que ha fracasado durante los últimos años excepto como parte de un plan de control para países de importancia estratégica que se hayan convertido en territorios hostiles a la intervención extranjera o sea de los Estados Unidos.

Resulta irónico ver, por un lado, las dificultades para despenalizar la marihuana y la hoja de coca para usos tradicionales y, por el otro, la facilidad con la que se toleran paraísos tributarios, de los cuales se benefician los narcotraficantes, y se aprueban enormes sumas para fuerzas de seguridad que atacan la producción y la distribución pero no el consumo.

Las guerras contra las drogas, entonces, es una hipocresía que le resulta demasiada cara a los países productores y, aún así, estos no pueden suspender por su cuenta y riesgo las políticas antidrogas, sin contar con el beneplácito de los países consumidores que se benefician no del narcotráfico pero sí de la guerra contra las drogas.

Para completar el cuadro países pobres empiezan a convertirse también en consumidores como Colombia, donde su consumo es un 130% superior a la media mundial mientras Brasil es ahora el segundo consumidor mundial de cocaína.

O sea que la guerra contra las drogas no solo no está controlando el problema. El consumo de las drogas está extendiéndose más y aunque no podríamos saber qué tanto se habría extendido sin la guerra contra las drogas lo cierto es que se multiplican los drogadictos sin tratamientos, y a veces aquejados también de pandemias como el sida.

El absurdo proyecto que el gobierno colombiano ha presentado en la reunión de Viena eliminaría la dosis mínima y establecería un tratamiento médico obligatorio para los consumidores.

¿A qué clase de tratamiento serán obligados los consumidores sin ingresos distintos a la prostitución y a la mendicidad?. ¿Las instituciones para esos tratamientos serían las mismas en que se recluirá a los jóvenes adictos de clase alta?.