Iván Saldarriaga
El 2 de febrero se celebraron, en Caracas, los diez años de la subida de Chávez al poder con la presencia de varios de los presidentes del Alba(Alternativa Bolivariana para las Américas), y con la presentación de una ofrenda floral ante la urna donde están los restos del libertador Simón Bolivar.
Para Colombia, estos diez años de Chávez han sido de altibajos en una relación que se desenvuelve con desconfianza por ambos lados y que ha tenido puntos culminantes en el retiro de Venezuela de la CAN(Comunidad Andina de Naciones), y en el anuncio del traslado de 10 divisiones del ejército a la frontera común, por parte de Venezuela, cuando se hablaba de una posible guerra en los primeros meses de 2008.
Por parte de Colombia tuvimos el retiro súbito del encargo confiado a Chávez para mediar con las FARC, a finales de 2007, y las reacciones contra él cuando manifestó públicamente su reconocimiento de actor beligerante a esta organización, y cuando su gobierno permitió que se descubriera en Caracas un busto dedicado a Manuel Marulanda líder máximo de las FARC, y fallecido en el primer semestre de 2008. Otro punto que produce irritación permanente en las relaciones de ambos países es el exilio en Colombia del presidente nombrado en Venezuela durante el golpe contra Chávez, el señor, Pedro Carmona.
Por estos días de comienzos de 2009 las relaciones de Venezuela y Colombia parecen cordiales pero sembradas de desconfianza y amenazadas. Está por verse la influencia del cambio de gobierno en los Estados Unidos en las relaciones bilaterales puesto que una de las sospechas más permanentes y disociadoras, por parte de Venezuela, ha sido la complicidad de Colombia en posibles agresiones o intervenciones de los Estados Unidos a Venezuela.
Bueno, no estamos en la época de la Guerra Fría y por lo tanto la hostilidad de Venezuela no ha significado para los Estados Unidos la peligrosidad y el temor que produjo en su época la revolución cubana. Pero aún así la revolución bolivariana, que en esta forma ha tomado el relevo del liderazgo de la cubana frente a los Estados Unidos en América latina, representa una promesa de redención para muchos sectores populares de nuestro país y de otros de Latinoamérica y del mundo que sufren las desigualdades económicas y el marginamiento.
Seguramente en el debate electoral que empieza en Colombia para las elecciones presidenciales de 2010 escuchemos alusiones y referencias a la revolución bolivariana de Venezuela como proveedora de posibles soluciones a los problemas de aquí.
La crisis económica mundial, que se empieza a sentir en la región bajo la forma de caída en las exportaciones y en las entradas de capital así como también del valor de las monedas frente al dólar, pone en la agenda el problema social de más urgencia visible en el momento en que empiezan a subir las tasas de desempleo en todas partes. ¿Quién podrá desestimar entonces el papel del Estado para enfrentar esta crisis?
Los aspectos autoritarios de la revolución bolivariana, que le restan una parte de apoyo popular, podrán dar al traste con una experiencia que, en otras condiciones, merecería ser imitada en otros países.


