2008/11/07

Opinión


Economía y política

Iván Saldarriaga
El pesimismo y la falta de confianza se dan generalmente al mismo tiempo en los campos de la economía y la política. Casi cualquier decisión política afecta la economía, por ejemplo las guerras o la rigidez mental que impide acuerdos posibles con adversarios que pueden convertirse en enemigos, y el liderazgo para buscar soluciones a grandes problemas económicos solo puede encontrarse en el campo de la política.

El cambio y la esperanza son las divisas de la victoria electoral de Obama en los Estados Unidos con una gran votación de sectores anteriormente marginados en otras elecciones, como el de los jóvenes. Antes del día de las elecciones también puede afirmarse que, fuera de los Estados Unidos, Obama habría ganado las elecciones en el mundo a punta de paciencia y sensatez.

No va a ser fácil para el nuevo presidente enderezar el comino torcido de guerras de agresión como la de Irak, de abusos contra los derechos humanos como los de Guantánamo y de escalamiento de los enfrentamientos con otros países como Irán, Rusia, Cuba o Corea del Norte.

Los intereses de Estados Unidos en el mundo no han cambiado radicalmente de la noche a la mañana y las dificultades de Carter con Irán, que impidieron su reelección para un segundo periodo, son un buen recordatorio de lo que puede ocurrir cuando se intente usar una mano blanda en un mundo acostumbrado a reconocer solo al poder que proviene de la fuerza.


Pero el descrédito y la desconfianza generalizado que deja la administración Bush, íntimamente extendidos al campo de la política interna de los Estados Unidos, han hecho posible un cambio de dirección que podría permitir retornar a una agenda de reformas que en esta ocasión sería, además, una plataforma desde la cual se relanzaría la economía mundial a partir del reconocimiento de los límites de los recursos económicos y políticos de los Estados Unidos y de la necesidad de concertar con otros países su política exterior.