
Lawrence Summers, exsecretario del Tesoro de los EE.UU., advierte recientemente en The Wall Street Journal del 18 de marzo, que “existe un riesgo muy real de que la actual crisis estadounidense se convierta en el declive económico más serio de una generación”.
Y no es para menos. La divisa estadounidense en los últimos seis años ha caído 40% respecto al Euro, y más de 20% respecto a una canasta de monedas de 26 socios comerciales, impulsando la tendencia que busca invertir los dólares, o de otra forma, deshacerse de los mismos, para eludir la devaluación.
¿Pero, como estimar el impacto de 10 billones de dólares sin respaldo que existen en el mundo?. En este sentido vale recordar que China, país con el mayor volumen de reservas a escala global posee 1.6 billones de dólares, Japón, país que le sigue tiene 895 mil millones; Rusia en tercer lugar, tiene un acumulado de 304 mil millones de dólares. De otra parte los fondos soberanos, o los recursos acumulados por los países petroleros ascienden a 1.5 billones de dólares, lo que como se ve confirma la magnitud de la situación.
Como era de esperarse, la devaluación del dólar, garantiza la tendencia al alza y la prolongación en el tiempo de la inflación en bienes y servicios a escala planetaria, entre los que se cuentan sectores vitales para la economía y estratégicos para la vida humana como los hidrocarburos, y los alimentos.
Y si la perspectiva internacional es deshacerse de los dólares, quienes ofertan prestamos en la moneda estadounidense tienen un impase. Comparativamente si se valoran los prestamos servidos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2003 y 2006, estos han caído un 80%, mientras la tendencia de los poseedores de cartera es la renegociación que incluye los pagos adelantados de las deudas.

